Mensajes Selectos Tomo 1

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Capítulo 45—Los primeros frutos*

Cristo, Creador y Dados de la Vida

Cuando Cristo exclamó en la cruz: “Consumado es” (Juan 19:30), hubo un gran terremoto que abrió las tumbas de muchos que habían sido fieles y leales al dar su testimonio contra toda obra de mal y magnificar al Señor de los ejércitos. Cuando el Dador de la vida salió del sepulcro proclamando: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25), convocó a esos santos de sus tumbas. Mientras vivían, habían testificado resueltamente de la verdad. Ahora habían de ser testigos de Aquel que los había levantado de los muertos. Estos, dijo Cristo, no son más cautivos de Satanás. Los he redimido; los he traído de la tumba como primicias de mi poder para que estén conmigo donde yo esté, para que nunca más vean la muerte ni experimenten pesar. 1MS 358.1

Durante su ministerio, Jesús levantó a los muertos dándoles vida. Resucitó al hijo de la viuda de Naín, a la hija de Jairo y a Lázaro. Pero ellos no fueron revestidos de inmortalidad. Después de haber sido resucitados, continuaron estando sometidos a la muerte. Pero los que resucitaron en ocasión de la resurrección de Cristo, fueron resucitados para vida eterna. Ellos fueron la multitud de cautivos que ascendieron con Cristo como trofeos de su victoria sobre la muerte y el sepulcro. 1MS 358.2

Después de su resurrección, Cristo no se mostró a nadie sino a sus seguidores, pero no faltó testimonio en cuanto a su resurrección. Los que fueron resucitados con Cristo “aparecieron a muchos” (Mateo 27:53), declarando: Cristo ha resucitado de los muertos, y hemos resucitado con él. Dieron testimonio en la ciudad del cumplimiento del pasaje: “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos”. Isaías 26:19. Esos santos contradijeron la mentira que propagaba la guardia romana que había sido sobornada con ese fin: que los discípulos habían venido de noche y se habían llevado a Cristo. Este testimonio no pudo ser silenciado. 1MS 359.1

Cristo fue las primicias de los que duermen. Para la gloria del Padre, el Príncipe de la vida debía ser las primicias, la realidad simbolizada por la ofrenda mecida. “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. Romanos 8:29. Esta misma escena, la resurrección de Cristo de los muertos, había sido celebrada simbólicamente por los judíos. Cuando maduraban en los campos las primeras espigas de los cereales, eran cosechadas cuidadosamente, y cuando la gente subía a Jerusalén, ellas eran presentadas ante el Señor como una ofrenda de agradecimiento. La gente mecía las gavillas maduras delante de Dios, reconociéndolo como al Señor de la cosecha. Después de esa ceremonia, el trigo era guadañado y se recogía la cosecha. 1MS 359.2

Así también los que habían sido resucitados habían de ser presentados ante el universo como una garantía de la resurrección de todos los que creen en Cristo como su Salvador personal. El mismo poder que levantó a Cristo de los muertos levantará a su iglesia y la glorificará con Cristo, como a su novia, por encima de todos los principados, por encima de todos los poderes, por encima de todo nombre que se nombra, no sólo en este mundo, sino también en los atrios celestiales, el mundo de arriba. La victoria de los santos que duermen será gloriosa en la mañana de la resurrección. Terminará el triunfo de Satanás, al paso que triunfará Cristo en gloria y honor. El Dador de la vida coronará con inmortalidad a todos los que salgan de la tumba. 1MS 359.3