¡Maranata: El Senor Viene!

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“He aquí el cordero de Dios”, 19 de abril

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. MSV76 115.1

Juan tenía por naturaleza las faltas y debilidades comunes a los seres humanos; pero el toque del amor divino lo había transformado. Cuando, después del comienzo del ministerio de Cristo, los discípulos de Juan fueron a él quejándose de que todos estaban siguiendo al nuevo Maestro, Juan mostró cuán claramente comprendía su relación con el Mesías y con cuánto gozo daba la bienvenida a Aquel cuyo camino había preparado. MSV76 115.2

“No puede el hombre recibir nada—dijo—, si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él... Así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. Juan 3:27-30. MSV76 115.3

Al contemplar por fe al Redentor, Juan se había elevado a la altura de la abnegación. No trataba de atraer a sí mismo a los hombres, sino que trataba de elevar sus pensamientos cada vez más alto, hasta que reposaran en el Cordero de Dios. El había sido sólo una voz, un clamor en el desierto. Ahora aceptaba con gozo el silencio y la oscuridad, a fin de que los ojos de todos pudieran volverse hacia la Luz de la vida. MSV76 115.4

Los que sean fieles a su vocación de mensajeros de Dios no buscarán honra para sí mismos. El amor al yo será absorbido por el amor a Cristo. Reconocerán que su obra consiste en proclamar, como lo hizo Juan el Bautista: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Exaltarán a Jesús, y con él la humanidad será exaltada... MSV76 115.5

El alma del profeta, despojada del yo, se llenó de la luz del Ser divino... Dio testimonio acerca de la gloria del Salvador. En esta gloria de Cristo todos sus seguidores han de participar... Podemos recibir la luz del cielo sólo en la medida en que estemos dispuestos a despojarnos del yo. Podemos percibir el carácter de Dios y aceptar a Cristo por fe sólo si estamos dispuestos a someter todo pensamiento a la obediencia a Cristo. A todos los que lo hacen, se les da el Espíritu Santo sin medida. En Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él”. Colosenses 2:9, 10.39Testimonies for the Church 8:333, 334. MSV76 115.6