Testimonios para los Ministros

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Dependencia directa de Dios

19 de febrero de 1895

No es el plan de Dios que algún hombre, o algún grupo de hombres, presuman que Dios los ha convertido en conciencia para sus hermanos, o manifiesten un espíritu autoritario para dominar a los obreros delegados por el Señor, haciendo peligrar así la seguridad tanto de la herencia del Señor como de la suya propia, y retardando el avance de la obra de Dios. El Señor no se limita a un solo hombre, o a un grupo de hombres, para realizar su obra; sino que dice de todos: Vosotros sois “colaboradores de Dios”. Esto significa que toda alma creyente debe tener una parte que hacer en su sagrada obra, y todo individuo que cree en Jesucristo ha de ser para el mundo un símbolo de la suficiencia de Cristo; ha de presentar a su iglesia las más elevadas leyes del mundo futuro e inmortal, y en obediencia a los incomparables mandatos del cielo, ha de revelar la profundidad de un conocimiento independiente de las elucubraciones humanas. TM 208.2

El Señor debe ser creído y servido como el gran “YO SOY”, y debemos confiar sin reservas en él. No promulguen los hombres leyes que tomen el lugar de la ley de Dios. Nunca enseñéis a los hombres a mirar a los hombres, a confiar en los hombres, porque la sabiduría humana no es suficiente para decidir si tienen derecho a ocuparse en la obra del Señor. Cuando Dios confía una obra a ciertos individuos, los hombres no deben rechazar su decisión. La interferencia humana no debe impedir el desarrollo de los planes de Dios; sin embargo, esto se ha hecho una y otra vez. TM 209.1

Si la iglesia en la tierra ha de asemejarse a un templo, edifíquesela según el modelo mostrado en el cielo y no según el genio del hombre. El ingenio del hombre a menudo contrarresta los planes divinos. La áurea vara de medir no ha sido colocada en las manos de ningún hombre o grupo de hombres finitos, cualesquiera sean su posición o vocación, sino que está en las manos del Arquitecto celestial. Si los hombres no se entrometen en los planes de Dios, y le permiten actuar sobre la mente y el carácter, edificándolos de acuerdo con el plan divino, se realizará una obra que soportará las pruebas más severas.* TM 209.2