Mensajes para los Jóvenes

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Capítulo 130—Gozo en la religión

La futura morada de los justos y su recompensa eterna son temas elevados y ennoblecedores para la meditación de la juventud. Deténganse a pensar en el maravilloso plan de la salvación, en el gran sacrificio hecho por el Rey de gloria para que sean elevados por los méritos de su sangre, y sean finalmente exaltados, por la obediencia, al trono de Cristo. Este debería ser el tema de la más noble meditación de la mente. MJ 271.4

Jóvenes amigos, vi que con una ocupación y diversión como esta, podrían ser felices. Pero la razón de la inquietud de ustedes es que no acuden en busca de la felicidad a la única fuente verdadera. Están siempre procurando encontrar fuera de Cristo el gozo que únicamente se encuentra en él. En él no hay esperanza frustrada. ¡Cómo se descuida el precioso privilegio de la oración! La lectura de la Palabra de Dios prepara la mente para la oración. Una de las principales razones de su escasa disposición para acercarse a Dios mediante la oración es que se han incapacitado para esta obra sagrada leyendo historias fascinantes que han excitado la imaginación y despertado pasiones impuras. La Palabra de Dios llega a ser insípida; se olvida la hora de la oración. La oración es la fuerza del cristiano. Cuando está solo, no se encuentra solo; siente la presencia de aquel que ha dicho: “Yo estoy con vosotros todos los días”.1 MJ 271.5

Los jóvenes necesitan precisamente lo que no tienen; esto es, religión. Nada puede sustituirla. De nada vale la sola profesión de la religión. Los nombres están registrados en los libros de la iglesia terrena, pero no en el libro de la vida. Se me mostró que no hay uno entre veinte jóvenes, que sepa lo que es la religión experimental. Viven para servirse a sí mismos, y sin embargo profesan ser siervos de Cristo; pero a menos que rompan el hechizo que está sobre ellos, pronto se darán cuenta de que es suya la suerte del transgresor. En cuanto a abnegación o sacrificio por la causa de la verdad, han hallado un camino mucho más fácil que pasa por alto estas cosas. En cuanto a los ruegos fervientes acompañados de lágrimas y clamor a Dios por su gracia perdonadora y porque les dé fuerza para resistir las tentaciones de Satanás, han encontrado que es innecesario ser tan fervientes y celosos; se pueden arreglar bien sin ello. Cristo, el Rey de gloria, iba con frecuencia a las montañas y los lugares desiertos para presentar a su Padre el pedido de su corazón; pero el hombre pecador, en quien no hay fuerza, piensa que puede vivir sin tanta oración.—Testimonies for the Church 1:503-505. MJ 272.1