En los Lugares Celestiales

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Alabando a Dios ante el mundo, 30 de marzo

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Hebreos 13:15. ELC 98.1

Necesitamos ofrecer alabanza y acción de gracias a Dios, no solamente en la congregación, sino en la vida del hogar. Las voces de su heredad refieran las obras del Señor. Hablen de su bondad, digan de su poder... ELC 98.2

Nos sentimos deprimidos, grandemente deprimidos, cuando vemos el mundo y su maldad. El mundo que se llama cristiano está envuelto en las tinieblas que cubren la tierra. Lloramos y nos lamentamos por las abominaciones que se hacen en la tierra. ¿Por qué toda esta maldad no estalla en una decidida violencia contra la justicia y la verdad? Es porque los cuatro ángeles están reteniendo los cuatro vientos, para que no soplen sobre la tierra. Pero las pasiones humanas están llegando al clímax, y el Espíritu del Señor se está retirando de la tierra. Si no fuera porque Dios ha ordenado a los agentes angélicos controlar a los agentes satánicos que están tratando de desatarse y de destruir, no habría esperanza. Pero los vientos han de ser contenidos hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes... ELC 98.3

Entre las tinieblas morales debe brillar la luz en rayos claros y distintos... Pero cada alma tiene que volver su rostro hacia la luz para poder reflejarla. Necesitamos alabar a Dios mucho más de lo que lo hacemos. Debemos mostrar que tenemos motivos de regocijo. “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9. ¿Estamos haciendo esto tan plenamente como debiéramos? ¿Estamos revelando en el hogar ese amor que honrará y glorificará a nuestro Redentor? ELC 98.4

Por más negras que sean las nubes que envuelven al mundo en este tiempo, más allá está la luz.—Manuscrito 120, 1898. ELC 98.5