En los Lugares Celestiales

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Un sólo modelo, 17 de febrero

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 2 Corintios 3:18. ELC 56.1

Aun al observar un momento el sol en su gloria meridiana, cuando apartamos nuestros ojos, su imagen aparecerá en todo cuanto veamos. Así ocurre cuando contemplamos a Jesús; todo lo que miramos refleja su imagen, la imagen del Sol de Justicia. No podemos ver ninguna otra cosa, ni hablar de ninguna otra cosa. Su imagen está impresa en los ojos del alma, y afecta toda porción de nuestra vida diaria, suavizando y subyugando toda nuestra naturaleza. Al contemplar, somos conformados a la semejanza divina, a la semejanza de Cristo. Ante todos aquellos con quienes nos asociamos reflejamos los brillantes y alegres rayos de su justicia.—Testimonios para los Ministros, 395. ELC 56.2

Jesús era el modelo perfecto de lo que deberíamos ser nosotros. Era el observador más estricto de la ley de su Padre, sin embargo se movía en perfecta libertad. Tenía todo el fervor de la persona entusiasta, pero era sereno, templado y dueño de sí mismo. Estaba por encima de los negocios comunes del mundo, pero no se excluyó de la sociedad. Comía con publicanos y pecadores, jugaba con los niñitos, los tomaba en sus brazos y los bendecía. Honró la fiesta de bodas con su presencia. Derramó lágrimas ante la tumba de Lázaro. Era un amante de las cosas hermosas de la naturaleza y usaba los lirios para ilustrar el valor de la sencillez natural a la vista de Dios, más allá de la ostentación artificial. Usaba el oficio del agricultor para ilustrar las más sublimes verdades del reino de Dios.—Carta 66, 1878. ELC 56.3

No tenemos seis modelos para imitar, ni tampoco cinco, sino uno solo, Cristo Jesús.—Joyas de los Testimonios 3:380. ELC 56.4