En los Lugares Celestiales

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Nuestra suprema obligación, 13 de julio

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. 1 Pedro 5:10. ELC 203.1

Es tan perfecta la representación del carácter que los hombres deben tener para ser discípulos de Cristo, que el incrédulo ha dicho que no es posible para ningún ser humano alcanzarla ... Los incrédulos no saben que se da ayuda celestial a los que la buscan por fe. Se ha hecho toda provisión en favor de cada alma que trate de ser participante de la naturaleza divina y de ser completa en Jesucristo. Debe discernirse todo defecto y eliminárselo del carácter con determinación y sin contemplaciones. ELC 203.2

El pueblo de Dios debe realizar cada acto con devoción. Debe participar de cada comida como si supiera que fue una señal del amor del Dios infinito hacia ellos. La terminación de un deber debe ser el comienzo del próximo que se presente. Entonces el carácter cristiano se manifestará en una vida de continua obediencia y servicio a Jesucristo. ELC 203.3

Cualquiera sea la clase de negocios a que se dediquen los hombres, si son cristianos deben llevar el yugo del deber a Cristo. Esta es su lealtad. Deben considerarse atados por obligaciones superiores. El Maestro, Jesucristo, ha puesto su yugo al cuello de cada discípulo. Al aceptar su yugo se le da en prenda el servicio de la vida. Todo lo que pueda dañar o estorbar debe quitarse, de cualquier naturaleza o carácter que sea. No debiéramos darle a Dios un servicio dividido. ELC 203.4

El Señor ha unido su naturaleza con la humanidad expresamente para que pudiera convertirse en un objeto más tangible y definido de nuestra contemplación y amor. Nos invita a acercarnos y contemplar la gran luz, el Dios invisible vestido de ropaje humano emitiendo una gloria suavizada y amortiguada para que nuestros ojos puedan soportarla.—Carta 117, 1896. ELC 203.5