El Colportor Evangélico

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Una misión definida

Mi corazón se aflige al ver a personas, que profesan esperar al Salvador, dedicando su tiempo y sus talentos a hacer circular libros que no contienen nada acerca de las verdades especiales para este tiempo: libros de narraciones, de biografías, y de teorías y especulaciones humanas. El mundo está lleno de tales libros; pueden comprarse por doquiera; pero ¿cómo pueden los seguidores de Cristo ocuparse en una obra tan común, cuando existe una clamorosa necesidad de la verdad de Dios por todas partes? No es nuestra misión difundir tales obras. Hay millares de otras personas para hacer eso, quienes hasta ahora no tuvieron el conocimiento suficiente de algo mejor. Nosotros tenemos una misión definida, y no debiéramos abandonarla para realizar otras tareas al margen de la misma. Los hombres y los medios no han de emplearse para presentar a la gente libros que no tengan relación con la verdad presente.—Manual for Canvassers, 51 (1902). CE 125.1

A menos que se ejerza cuidado, el mercado será inundado de libros de baja categoría, y la gente será privada de la luz y la verdad que es esencial que tenga para que sea preparado el camino del Señor.—Carta 43, 1899. CE 125.2