El Colportor Evangélico

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Humildes y dispuestos a aprender

Al elegir a hombres y mujeres para su servicio, Dios no pregunta si son instruidos, elocuentes o ricos en bienes de este mundo. Pregunta: “¿Andan con tal humildad que yo pueda enseñarles mis caminos? ¿Puedo poner mis palabras en sus labios? ¿Serán representantes míos?” CE 50.1

Dios puede emplear a cada uno en la medida en que le es posible derramar su Espíritu en el templo de su ser. El trabajo que él acepta es el que refleja su imagen. Sus discípulos deben llevar, como credenciales para el mundo, las características indelebles de sus principios inmortales.—Joyas de los Testimonios 3:145, 146 (1902). CE 50.2