Elena G. de White en Europa

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El tercer concilio misionero europeo

Una Asociación General en miniatura

El martes, es decir, un día después que concluyó la asamblea, comenzó en Basilea una reunión aún más importante: El Tercer Concilio Europeo de las Misiones Adventistas del Séptimo Día, del 15 al 29 de septiembre. Guillermo White declaró que esa sesión fue una Asociación General en miniatura. Resultó ser la reunión de obreros más memorable y eficaz que tuvo la iglesia europea en sus primeros años. Ningún otro concilio se le pudo comparar en orden de importancia, ya que estableció un modelo para la obra futura. EGWE 75.1

A los 31 delegados oficiales que habían venido de distintos países europeos se les unieron tres más de Norteamérica. También asistieron los empleados de la casa editora y una cantidad de creyentes suizos. EGWE 75.2

El primer día del concilio amaneció sereno y bello; a las cinco de la mañana la Sra. de White se levantó a escribir. Después del desayuno, como faltaban aún varias horas para la reunión de apertura, salió por primera vez desde que estaba en Basilea a dar un paseo en carruaje. Cruzó el Rin y entró en territorio alemán. Regresó renovada. EGWE 75.3

A las once, los delegados se reunieron en el salón de la casa editora para comenzar sus deliberaciones. La Sra. de White se sentó en silencio mientras ellos elegían las comisiones de trabajo y comenzaban a elaborar planes. El programa pronto cobró forma. La comisión de reuniones, de la cual formaba parte Guillermo White, propuso a la mañana siguiente que se celebrara una asamblea bíblica junto con el concilio. EGWE 75.4

J. G. Matteson resultó escogido para dirigir la clase bíblica todas las mañanas a las nueve y se designó a S. H. Lane, J. Erzberger y A. C. Bourdeau para que enseñaran a los obreros a dar estudios bíblicos. Una clase de colportaje a la 1.30 de la tarde y otra de inglés a las 4.30 completaban el programa de la asamblea. Además, a primera hora de la mañana se celebraban las reuniones administrativas y espirituales. No se desperdiciaba el tiempo; a los delegados se los podía acusar de intemperantes, pero no de indolentes. Las reuniones comenzaban a las 5.30 de la mañana y proseguían hasta las 9 de la noche. EGWE 76.1

Además de participar en las deliberaciones del concilio, la Sra. de White hablaba todas las mañanas en la reunión de oración y testimonios. Posteriormente se informó que “las charlas matutinas de la Sra. de White fueron uno de los aspectos más interesantes de esta convocación anual, y en ellas se impartió mucha instrucción valiosa acerca de la obra práctica de los presentes”.—Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh Day Adventist, 118. EGWE 76.2

Ella comenzó su serie de charlas devocionales prácticas el miércoles de mañana, con una exhortación a los ministros para que adquirieran una experiencia individual con Dios y manifestaran amor y tolerancia entre ellos. “Una máquina puede ser perfecta en todos sus detalles—señaló—, pero si no recibe aceite en los lugares apropiados sufrirá fricción y desgaste. Lo mismo nos pasa a nosotros. Necesitamos el aceite de la gracia en nuestro corazón, para evitar las fricciones que pueden surgir entre nosotros y aquellos a quienes servimos”. Ibid. 119. Antes que concluyera el concilio, se hizo evidente una gran necesidad de este aceite de la gracia y hubo oportunidad para que se lo aplicara generosamente. EGWE 76.3