Exaltad a Jesús

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Septiembre

Se sanan enfermedades espirituales y físicas, 1 de septiembre

Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Mateo 4:23. EJ 252.1

Este mundo es un vasto lazareto, pero Cristo vino para sanar a los enfermos y proclamar liberación a los cautivos de Satanás. El era en sí mismo la salud y la fuerza. Impartía vida a los enfermos, a los afligidos, a los poseídos de los demonios. No rechazaba a ninguno que viniese para recibir su poder sanador. Sabía que aquellos que le pedían ayuda habían atraído la enfermedad sobre sí mismos; sin embargo no se negaba a sanarlos. Y cuando la virtud de Cristo penetraba en estas pobres almas, quedaban convencidas de pecado, y muchos eran sanados de su enfermedad espiritual tanto como de sus dolencias físicas. El Evangelio posee todavía el mismo poder, y ¿por qué no habríamos de presenciar hoy los mismos resultados? EJ 252.2

Cristo siente los males de todo doliente. Cuando los malos espíritus desgarran un cuerpo humano, Cristo siente la maldición. Cuando la fiebre consume la corriente vital, él siente la agonía. Y está tan dispuesto a sanar a los enfermos ahora como cuando estaba personalmente en la tierra. Los siervos de Cristo son sus representantes, los conductos por los cuales ha de obrar. El desea ejercer por ellos su poder curativo. EJ 252.3

En las curaciones del Salvador hay lecciones para sus discípulos. Una vez ungió con barro los ojos de un ciego, y le ordenó: “Ve, lávate en el estanque de Siloé... Y fue entonces, lavóse, y volvió viendo”. Juan 9:7. Lo que curaba era el poder del gran Médico, pero él empleaba medios naturales... EJ 252.4

A muchos de los afligidos que eran sanados, Cristo dijo: “No peques más, porque no te venga alguna cosa peor”. Juan 5:14. Así enseñó que la enfermedad es resultado de la violación de las leyes de Dios, tanto naturales como espirituales. El mucho sufrimiento que impera en este mundo no existiría si los hombres viviesen en armonía con el plan del Creador. EJ 252.5

Cristo había sido guía y maestro del antiguo Israel, y le enseñó que la salud es la recompensa de la obediencia a las leyes de Dios. El gran Médico que sanó a los enfermos en Palestina había hablado a su pueblo desde la columna de nube, diciéndole lo que debía hacer y lo que Dios haría por ellos. “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios—dijo—, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las de los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu Sanador”. Éxodo 15:26... Cuando el pueblo cumplió estas condiciones, se le cumplió la promesa. “No hubo en sus tribus enfermo”. Salmos 105:37.—El Deseado de Todas las Gentes, 763-764. EJ 252.6