Exaltad a Jesús

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Apacentad a los corderos con humildad, 30 de julio

Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz. Santiago 3:18. EJ 219.1

El verdadero ministro de Cristo debería estar rodeado por una atmósfera de luz espiritual, porque está conectado con el mundo de la luz y camina con Cristo, el cual es la luz del mundo. Se pueden rechazar los argumentos, el poder de persuasión y la súplica pueden ser hechos objetos de burla, se puede hacer caso omiso de las apelaciones más elocuentes respaldadas por la fuerza de la lógica; pero el carácter viviente de la justicia, la piedad diaria manifestada en todos los órdenes de la vida, la ansiedad que se experimenta por el pecador dondequiera que se encuentra, el espíritu de verdad ardiente en el corazón, que brillan desde el rostro y se respiran en cada palabra que procede de los labios, constituyen un sermón que es muy difícil resistir o descartar, y que hace temblar la ciudadela de Satanás. Los ministros que caminan con Dios están vestidos con la panoplia del cielo, y sus esfuerzos se verán coronados de victoria. EJ 219.2

Las personas ocupadas en la grandiosa y solemne tarea de amonestar al mundo, no solamente deberían tener una experiencia individual en las cosas de Dios, sino que deberían cultivar el amor mutuo, luchar por tener una misma mente, un criterio común, y ver las cosas de la misma manera. La ausencia de este amor complace grandemente a nuestro astuto enemigo. El es el autor de la envidia, los celos, el odio y la disensión; y se regocija cuando ve que esta vil cizaña ahoga el amor, esa tierna planta de crecimiento celestial. EJ 219.3

Dios no se complace cuando ve que sus siervos censuran, critican y condenan a sus semejantes. El les ha encomendado una tarea especial: la de defender la verdad. Ellos son sus trabajadores; todos deberían respetarlos y ellos se deberían respetar mutuamente. EJ 219.4

En el ejército, se requiere que los oficiales se respeten entre ellos y los soldados rasos aprenden pronto la lección. Cuando en la guerra cristiana los dirigentes del pueblo son amables y pacientes, y manifiestan amor especial y consideración por sus colaboradores, con su ejemplo les enseñan a otros a hacer lo mismo. EJ 219.5

Se debe cuidar celosamente la reputación de los compañeros de trabajo. Si alguien cree ver faltas en otro, no las debe magnificar ante los demás, ni transformarlas en pecados gravosos. Puede tratarse de errores de juicio, acerca de los cuales Dios concederá su gracia para vencerlos. Si el Señor hubiera visto que los ángeles, que son seres perfectos, podrían realizar una obra más efectiva que los hombres en favor de la raza caída, se la habría encargado a ellos. En lugar de eso, envió la ayuda necesaria por intermedio de mortales pobres, débiles y errantes, quienes, al padecer debilidades similares a las de sus prójimos, están mejor preparados para ayudarles. EJ 219.6

Allí estaba Pedro, que había negado a su Señor... Antes que sus pies resbalaran, no poseía el espíritu de humildad indispensable para alimentar a los corderos; pero después de reconocer sus propias debilidades... pudo acercarse a ellos con tierna simpatía y fue capaz de ayudarles.—Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh Day Adventist, 120-121. EJ 219.7