Hijas de Dios

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Las escuelas deben reflejar el orden del cielo

Los maestros deben hablar y orar con los estudiantes—Nuestros maestros deben ser hombres y mujeres convertidos, que saben lo que significa luchar con Dios y que no descansarán hasta ver que los niños sean llevados a amar, adorar y glorificar a Dios. ¿Quién trabajará fervientemente por las almas en nuestras escuelas sabáticas? ¿Quién hablará y orará personalmente con cada joven llamándolo a entregar su corazón a Jesús para ser una ofrenda de olor suave para él? Cuando pensamos en la magnitud de esta tarea, y lo poco que es apreciada, gemimos en nuestro espíritu y exclamamos: ¿Quién aceptará esta solemne responsabilidad de trabajar por las almas como alguien que tiene que dar cuenta de ellas? HD 84.2

Somos los representantes de Cristo sobre la tierra; ¿cómo podemos cumplir nuestra misión? Los representantes de Cristo estarán en comunión diaria con él; sus palabras serán cuidadosamente elegidas; su habla sazonada con gracia; sus corazones llenos de amor; sus esfuerzos serán sinceros, fervientes, perseverantes, a fin de salvar almas por las que Cristo murió. Que cada uno haga lo máximo para lograr la salvación de nuestros queridos niños y jóvenes, y con gozo podrá escuchar las palabras de Jesús: “Bien, buen siervo y fiel [...] entra en el gozo de tu Señor”. Mateo 25:21. ¿Cuál es este gozo? Es ver a los santos redimidos por quienes hemos trabajado, que han llegado a la salvación mediante la sangre de Jesucristo.—Das Sabbatschulwerk, 1 de julio de 1885. HD 84.3