Hijas de Dios

14/132

Abigail

Este capítulo está basado en 1 Samuel 25.

Abigail era la hermosa, misericordiosa e inteligente esposa de Nabal, un hombre mezquino y de temperamento violento. Por su sabia acción fue capaz de evitar un derramamiento de sangre cuando su esposo trató sin contemplación a David y sus hombres. HD 39.1

Cuando David era un fugitivo huyendo de Saúl, había acampado cerca de las posesiones de Nabal y había protegido sus pastores y rebaños [...]. En tiempos de necesidad, David envió mensajeros a Nabal en cortés solicitud de alimentos para él y sus hombres. Nabal respondió con insolencia y devolvió mal por bien al rehusar compartir su abundancia con sus vecinos. El mensaje de David no podría haber sido más respetuoso; pero Nabal acusó a David y a sus hombres falsamente, con el fin de justificar su egoísmo. Los comparó a esclavos que huían de sus amos. Cuando los mensajeros retornaron con esta respuesta insolente, se despertó la indignación de David y resolvió buscar una rápida venganza.—Manuscript Releases 21:213 (1891). HD 39.2

Después que Nabal hubo despedido a los jóvenes de David, uno de los criados de Nabal se dirigió apresuradamente a Abigail, esposa de Nabal, y la puso al tanto de lo que había sucedido. “Mira que David ha enviado mensajeros del desierto para saludar a nuestro amo, y él los ha despreciado. Aquellos hombres han sido muy buenos con nosotros, y cuando estábamos en el campo nunca nos trataron mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo que anduvimos con ellos. Muro fueron para nosotros de día y de noche, todos los días que hemos estado con ellos apacentando las ovejas. Ahora, pues, reflexiona y mira lo que has de hacer, porque ya está decidida la ruina de nuestro amo y de toda su casa; pues él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle”. 1 Samuel 25:14-17. HD 39.3

Sin consultar a su marido ni decirle su intención, Abigail hizo una provisión amplia de abastecimientos y, cargada en asnos, la envió a David bajo el cuidado de sus siervos, y fue ella misma en busca de la compañía de David. La encontró en un lugar protegido de una colina. “Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a tierra; y se echó a sus pies, y dijo: “Señor mío, sobre mí sea el pecado; mas te ruego que permitas que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva””. Vers. 23-24. HD 39.4

Abigail se dirigió a David con tanta reverencia como si hubiese hablado a un monarca coronado. Nabal había exclamado desdeñosamente: “¿Quién es David?” Pero Abigail lo llamó: “Señor mío”. Con palabras bondadosas procuró calmar los irritados sentimientos de él, y le suplicó en favor de su marido. Sin ninguna ostentación ni orgullo, pero llena de sabiduría y del amor de Dios, Abigail reveló la fortaleza de su devoción a su casa; y explicó claramente a David que la conducta hostil de su marido no había sido premeditada contra él como una afrenta personal, sino que era simplemente el arrebato de una naturaleza desgraciada y egoísta. HD 39.5

“Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor”. Vers. 26. Abigail no atribuyó a sí misma el razonamiento que desvió a David de su propósito precipitado, sino que dio a Dios el honor y la alabanza. Luego le ofreció sus ricos abastecimientos como ofrenda de paz a los hombres de David, y aún siguió rogando como si ella misma hubiese sido la persona que había provocado el resentimiento del jefe.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 722-723 (1890). HD 40.1

Aunque Nabal había rehusado ayudar en las necesidades de David y sus hombres, esa misma noche realizó una fiesta extravagante para sí mismo y sus pendencieros amigos. Comieron y bebieron hasta que se hundieron en el estupor de la borrachera. Al día siguiente, cuando se les habían pasado casi todos los efectos de la juerga, su esposa le contó cuán cerca había estado de la muerte y cómo se había evitado la calamidad. Mientras escuchaba, comprendió el mal que habría resultado si no hubiera sido por la discreción de Abigail, y su corazón se llenó de angustia. Paralizado por el terror, se sentó, y nunca más se recobró del impacto. HD 40.2

Esta historia nos permite ver que hay circunstancias en las que es correcto que una mujer actúe rápidamente, con decisión e independencia, cuando sabe cuál es el camino del Señor. La esposa debe mantenerse al lado de su esposo como su igual, compartiendo las responsabilidades de la vida y dándole el debido respeto a quien la ha elegido como compañera de la vida. HD 40.3

El Señor desea que la esposa le de el debido respeto a su esposo, siempre que esto esté de acuerdo a la voluntad de Dios. En el carácter de Abigail, la esposa de Nabal, tenemos un magnífico ejemplo de lo que una mujer debe llegar a ser, siguiendo a Cristo; mientras que en la experiencia de su esposo hay una ilustración de lo que un hombre puede llegar a ser cuando cede su vida al control de Satanás.—Manuscript Releases 21:213-215 (1891). HD 40.4