Hijos e Hijas de Dios

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En armonía con su ley, 6 de julio

Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Josué 1:7. HHD 196.1

Dios llama a hombres que sean leales ante él. Deben realizarse reformas en las iglesias. Es necesario ahora reinstaurar en el corazón de los hombres y las mujeres la antigua reverencia por los Diez Mandamientos. Por medio de la obediencia a estos mandamientos, la humanidad debe santificarse, para que los resultados del escepticismo no se fortalezcan, sino que se manifiesten los fundamentos de nuestra fe, y todos los preceptos de la ley de Dios resulten reforzados. Los hombres deben recordar que para que el Señor los considere hombres, su conducta debe ser justa, pura y leal.—Manuscrito 24, 1891. HHD 196.2

Los hombres y las mujeres pueden rechazar el vituperio que han sido llamados a llevar por causa de Cristo, pueden hacer las obras de los hijos de desobediencia, pero tan seguramente como lo hagan, recibirán la recompensa de los impíos. Pueden ascender hasta ocupar puestos distinguidos; pueden situarse bien alto en el mundo literario, y con orgullosa superioridad pueden resistir la verdad de origen celestial; pero al final perderán todo. HHD 196.3

Nuestra felicidad y nuestra salvación dependen de que comamos del pan de vida; es decir, de obedecer las palabras de Cristo y hacer sus obras, promoviendo la justicia y oponiéndonos a la injusticia. Nada puede darnos más confianza propia, más valor, ni aumentar más nuestros talentos y habilidades como una evaluación correcta de los requerimientos de la ley de Dios. Nada puede darnos tal firmeza y confianza, tal aprecio por los talentos que se nos han concedido, como una comprensión de que somos “obreros juntamente con Dios”, y que debemos respetar todos sus mandamientos.—Carta 29, 1900. HHD 196.4