La Educación Cristiana

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El único modelo perfecto

El gran propósito de toda la educación y disciplina de la vida, es volver al hombre a la armonía con Dios; y elevar y ennoblecer de tal manera su naturaleza moral, que pueda volver a reflejar la imagen de su Creador. Tan importante era esta obra, que el Salvador dejó los atrios celestiales, y vino en persona a esta tierra, para poder enseñar a los hombres cómo obtener la idoneidad para la vida superior. Durante treinta años habitó como hombre entre los hombres, experimentó las cosas de la vida humana como niño, joven y hombre; soportó las pruebas más severas a fin de poder presentar una ilustración viva de las verdades que enseñaba. Durante tres años, como maestro enviado de Dios, instruyó a los hijos de los hombres; luego, dejando la obra a colaboradores escogidos, ascendió al cielo. Pero no ha cesado su interés en ella. Desde los atrios celestiales, observa con la más profunda solicitud el progreso de la causa por la cual dió su vida. ECR 65.3

El carácter de Cristo es el único modelo perfecto que hemos de copiar. El arrepentimiento y la fe, la entrega de la voluntad, y la consagración de los afectos a Dios, son los medios señalados para la realización de esta obra. Obtener un conocimiento de su plan divinamente ordenado, debiera ser el objeto de nuestro primer estudio; cumplir con sus requerimientos, nuestro primer esfuerzo. ECR 66.1

Salomón declara que “el temor de Jehová es el principio de la sabiduría”. Respecto al valor y a la importancia de esta sabiduría, dice: “Sabiduría ante todo: adquiere sabiduría: y ante toda tu posesión adquiere inteligencia”. “Porque su mercadería es mejor que la mercadería de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella”. Proverbios 9:10; 4:7; 3:14, 15. ECR 66.2