Consejos para la Iglesia

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Capítulo 16—Mantener despejada la conexión de Dios con el hombre

Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí, son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima. Cualquier cosa que perturbe la circulación de las corrientes eléctricas del sistema nervioso, disminuye la fuerza de las potencias vitales, y como resultado se atenúa la sensibilidad de la mente.1 CPI 181.1

La intemperancia de cualquier clase adormece los órganos de la percepción y debilita el poder nervioso del cerebro de manera que las cosas eternas no son apreciadas, sino que son puestas en el mismo plano de lo común. Las facultades superiores de la mente, designadas para propósitos elevados, son esclavizadas por las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes, porque existe una relación estrecha entre lo físico y lo moral.2 CPI 181.2

Satanás se regocija al ver cómo la familia humana se hunde cada vez más en el sufrimiento y la miseria. Sabe que las personas que tienen malos hábitos y cuerpos malsanos no pueden servir a Dios con tanto fervor, perseverancia y pureza como si estuvieran sanas. Un cuerpo enfermo afecta el cerebro. Con la mente servimos al Señor. La cabeza es la capital del cuerpo. Satanás triunfa en la funesta obra que realiza haciendo que la familia humana se complazca en hábitos que hacen que sus miembros se destruyan a sí mismos y unos a otros. Por este medio despoja a Dios del servicio que le es debido. CPI 181.3

Satanás se halla constantemente alerta para colocar por completo bajo su dominio a la raza humana. La forma más poderosa en que él hace presa del hombre es el apetito, que trata de estimular de toda manera posible.3 CPI 182.1