Joyas de los Testimonios 1

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Lo que pueden hacer los padres

¿Sobre quién pesa este gran pecado? Si se hubiese hecho atrayente el hogar, si los padres hubiesen manifestado afecto por sus hijos, si con bondad les hubiesen encontrado ocupación, enseñándoles con amor a obedecer a sus deseos, habrían hallado respuesta en sus corazones, y con corazones, manos y pies voluntarios, los hijos les habrían obedecido prestamente. Dominándose a sí mismos, y hablándoles con bondad, y alabando a los niños cuando tratan de hacer lo recto, los padres pueden estimular sus esfuerzos, hacerlos muy felices, y rodear al círculo de la familia con un encanto que despejará toda lobreguez y hará penetrar en él la alegría como la luz del sol. 1JT 134.1

A veces los padres disculpan su propia mala conducta con la excusa de que no se sienten bien. Están nerviosos y piensan que no pueden ser pacientes ni serenos, ni hablar de una manera agradable. En esto se engañan y agradan a Satanás, quien se regocija de que ellos no consideran la gracia de Dios como suficiente para vencer las flaquezas naturales. Ellos pueden y deben dominarse a sí mismos en toda ocasión. Dios se lo exige. Deben darse cuenta de que cuando ceden a la impaciencia e inquietud hacen sufrir a otros. Los que los rodean son afectados por el espíritu que ellos manifiestan, y si a su vez actúan impulsados por el mismo espíritu, el daño aumenta y todo va mal. 1JT 134.2

Padres, cuando os sentís nerviosos, no debéis cometer el grave pecado de envenenar a toda la familia con esta irritabilidad peligrosa. En tales ocasiones, ejerced sobre vosotros mismos una vigilancia doble, y resolved en vuestro corazón no ofender con vuestros labios, sino pronunciar solamente palabras agradables y alegres. Decíos: “No echaré a perder la felicidad de mis hijos con una sola palabra de irritación.” Dominándoos así vosotros mismos, os fortaleceréis. Vuestro sistema nervioso no será tan sensible. Quedaréis fortalecidos por los principios de lo recto. La conciencia de que estáis desempeñando fielmente vuestro deber, os fortalecerá. Los ángeles de Dios sonreirán al ver vuestros esfuerzos, y os ayudarán. 1JT 135.1

Cuando os sentís impacientes, con demasiada frecuencia pensáis que la causa está en vuestros hijos, y les echáis la culpa cuando no la merecen. En otras ocasiones, ellos podrían hacer las mismas cosas, y todo sería aceptable y correcto. Los niños conocen, notan y sienten estas irregularidades y ellos tampoco son siempre los mismos. A veces están más o menos preparados para arrostrar actitudes variables; y en otras ocasiones están nerviosos e intranquilos, y no pueden soportar la censura. Su espíritu se subleva en rebelión contra ella. Los padres quieren que se tenga en cuenta su estado mental, y sin embargo no ven siempre la necesidad de hacer las mismas concesiones a sus pobres hijos. Disculpan en sí mismos aquello que censurarían severamente si lo advirtieran en sus hijos, que no tienen tantos años de experiencia y disciplina. 1JT 135.2

Algunos padres de temperamento nervioso, cuando están cansados por el trabajo u oprimidos por la congoja, no conservan serenidad mental, sino que manifiestan hacia aquellos que debieran serles más caros en este mundo una irritación e intolerancia que desagradan a Dios y extienden una nube sobre la familia. Con tierna simpatía, debe calmarse a los niños en sus dificultades. La bondad y tolerancia mutuas harán del hogar un paraíso y atraerán a los ángeles santos al círculo de la familia. 1JT 135.3

La madre puede y debe hacer mucho para dominar sus nervios y ánimo cuando está deprimida. Aun cuando está enferma, puede, si se educa a sí misma, manifestar una disposición agradable y alegre, y puede soportar más ruido de lo que una vez creyera posible. No debiera hacer sentir a los niños su propia flaqueza y nublar sus mentes jóvenes y sensibles por su propia depresión de espíritu, haciéndoles sentir que la casa es una tumba y que la pieza de mamá es el lugar más lúgubre del mundo. La mente y los nervios se entonan y fortalecen por el ejercicio de la voluntad. En muchos casos, la fuerza de voluntad resultará ser un potente calmante de los nervios. 1JT 136.1