Joyas de los Testimonios 1

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La edad no disculpa a nadie

¿No están muchos de los nuestros cayendo en el pecado de sacrificar su religión a la ganancia mundanal, conservando una forma de piedad, y sin embargo, dedicando toda su mente a las ocupaciones temporales? La ley de Dios debe ser considerada ante todo y obedecida en el espíritu y en la letra. Si se considera livianamente la Palabra de Dios, pronunciada con pavorosa solemnidad desde el santo monte, ¿cómo se recibirán los testimonios de su Espíritu? Las mentes que están tan entenebrecidas que no reconocen la autoridad de los mandamientos del Señor, dados directamente al hombre, pueden recibir poco beneficio del débil instrumento elegido por él para instruir a su pueblo. 1JT 502.2

Su edad no lo dispensa a Vd. de obedecer a los mandatos divinos. Abrahán fué probado estrictamente en su vejez. Al afligido anciano le parecían terribles e inoportunas las palabras del Señor; pero no puso en duda su justicia ni vaciló en su obediencia. Podría haber alegado que era anciano y débil, y que no podía sacrificar al hijo que era el gozo de su vida. Podría haber recordado al Señor que esta orden contrariaba las promesas que le había hecho respecto de su hijo. Pero Abrahán obedeció sin una queja ni un reproche. Su confianza en Dios fué implícita. 1JT 503.1

La fe de Abrahán debe ser nuestro ejemplo; sin embargo, cuán pocos soportarán pacientemente una simple reprensión por los pecados que hacen peligrar su bienestar eterno. Cuán pocos reciben la corrección con humildad y aprovechan de ella. La exigencia de Dios respecto de nuestra fe, nuestros servicios y nuestros afectos, debe recibir una respuesta alegre. Tenemos una deuda infinita para con el Señor y debemos cumplir sin vacilación el menor de sus requerimientos. Para violar los mandamientos, no es necesario que pisoteemos todo el código moral. Si despreciamos un precepto, somos transgresores de la ley sagrada. Pero si queremos ser fieles observadores de los mandamientos, debemos observar estrictamente todo lo que Dios nos ha impuesto. 1JT 503.2

Dios permitió que su propio Hijo sufriese la muerte a fin de satisfacer la penalidad de la transgresión de la ley; por tanto, ¿cómo tratará a aquellos que, frente a toda esta evidencia, se aventuran en la senda de la desobediencia después de haber recibido la luz de la verdad? El hombre no tiene derecho a presentar su conveniencia o sus necesidades en este asunto. Dios proveerá; el que alimentó a Elías a orillas del arroyo, haciendo de un cuervo su mensajero, no dejará a sus fieles sufrir por falta de alimento. 1JT 503.3

El Salvador preguntó a sus discípulos, que estaban apremiados por la pobreza, por qué se acongojaban acerca de lo que debían comer y cómo habían de vestirse. Les dijo: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?” Les señaló las hermosas flores, formadas y matizadas por una mano divina, diciendo: “Y por el vestido ¿por qué os congojáis? Reparad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?” Mateo 6:26, 28-30. 1JT 504.1

¿Dónde está la fe del pueblo de Dios? ¿Por qué sienten sus miembros tanta duda y desconfianza respecto de Aquel que provee a sus necesidades y los sostiene por su fuerza? El Señor probará la fe de su pueblo; mandará reprensiones, que serán seguidas por aflicciones, si no se escuchan estas advertencias. Quebrantará el fatal letargo del pecado a cualquier precio en aquellos que se han apartado de su fidelidad a él, y los despertará para que comprendan cuál es su deber. 1JT 504.2

Hermano mío, su alma debe ser vivificada y ampliada su fe. Vd. ha justificado durante tanto tiempo su desobediencia por un motivo u otro, que su conciencia, arrullada en el descanso, ha cesado de recordarle sus errores. Ha seguido durante tanto tiempo su propia conveniencia respecto de la observancia del sábado, que su mente, encallecida, ya no es susceptible de ser impresionada respecto de su conducta desobediente; sin embargo, por haberse puesto Vd. mismo en esa condición, no es por eso menos responsable. Empiece en seguida a obedecer los mandamientos divinos y a confiar en Dios. No provoque su ira, no sea que le visite con terrible castigo. Vuelva a él antes que sea demasiado tarde, y halle perdón para su desobediencia. El es rico y abundante en misericordia; le dará su paz y aprobación, si Vd. se allega a él con humilde fe. 1JT 504.3