Joyas de los Testimonios 1

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El orden en el culto

Algunos piensan que es malo procurar observar orden en el culto de Dios. Pero he visto que tal cosa no es peligrosa. He visto que la confusión desagrada al Señor, y que debe haber orden en la oración y también en el canto. No debemos ir a la casa de Dios a orar por nuestras familias, a menos que nos induzca a ello un profundo sentimiento, mientras el Espíritu de Dios las está convenciendo. Generalmente, el momento apropiado para orar por nuestras familias es el culto de familia. Cuando las personas objeto de nuestras oraciones están lejos, la cámara secreta es el lugar apropiado donde se puede interceder ante Dios en su favor. Cuando estamos en la casa de Dios, debemos pedir por una bendición actual y esperar que Dios oirá y contestará nuestras oraciones. Estas reuniones serán interesantes y llenas de vida. 1JT 45.2

Vi que todos deben cantar con el espíritu, y también con el entendimiento. A Dios no le agrada la confusión de voces y la discordia. Siempre le agrada más lo correcto que lo erróneo. Y cuanto más correcto y armonioso sea el canto del pueblo de Dios, tanto más glorificado será el Señor, beneficiada la iglesia y afectados favorablemente los incrédulos. 1JT 45.3

Se me ha mostrado el orden perfecto del cielo, y he quedado arrobada al escuchar la música perfecta que se oye allí. Después de salir de la visión, el canto terrenal me pareció muy áspero y discordante. He visto compañías de ángeles dispuestos en cuadros, cada uno con un arpa de oro. En el extremo del arpa había un instrumento para dar vuelta, acomodar el arpa o cambiar la melodía. Sus dedos no recorrían descuidadamente las cuerdas, sino que tocaban distintas cuerdas para producir diferentes sonidos. Hay un ángel que siempre guía, que toca primero el arpa y da el tono; luego todos se unen para producir la rica y perfecta música del cielo. Es indescriptible esa melodía celestial y divina, que vibra mientras todo rostro refleja la imagen de Jesús, cuya gloria resplandece con brillo inefable. 1JT 46.1

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Entre el pueblo de Dios no debe reinar la confusión, ni carecerse de orden, armonía, consecuencia y belleza. Se deshonra muchísimo al Señor cuando existe desunión entre su pueblo. La verdad es una unidad. Debemos cultivar día tras día la unión que Dios requiere si queremos contestar la oración de Cristo. La desunión que trata de surgir entre aquellos que profesan creer el último mensaje de misericordia que ha de ser dado al mundo, no debe hallar lugar; pues sería un temible estorbo para el progreso de la obra de Dios. Sus siervos han de ser uno, como Cristo es uno con el Padre; sus facultades, iluminadas, inspiradas y santificadas, deben fusionarse para constituir un todo completo. Los que aman a Dios y guardan sus mandamientos no han de separarse, sino unirse.* 1JT 46.2