Joyas de los Testimonios 1

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“Consumado es”

Jesús no entregó su vida hasta que hubo realizado la obra que había venido a hacer y exclamó con su último aliento: “Consumado es.” Juan 19:30. Satanás estaba entonces derrotado. Sabía que su reino estaba perdido. Los ángeles se regocijaron cuando fueron pronunciadas las palabras: “Consumado es.” El gran plan de redención, que dependía de la muerte de Cristo, había sido ejecutado hasta allí. Y hubo gozo en el cielo porque los hijos de Adán podrían, mediante una vida de obediencia, ser finalmente exaltados al trono de Dios. ¡Oh, qué amor! ¡Qué asombroso amor fué el que trajo al Hijo de Dios a la tierra para que fuese hecho pecado por nosotros a fin de que pudiésemos ser reconciliados con Dios y elevados a vivir con él en sus mansiones de gloria! ¡Oh, qué es el hombre para que se hubiese de pagar un precio tal por su redención! 1JT 228.2

Cuando los hombres y las mujeres puedan comprender plenamente la magnitud del gran sacrificio que fué hecho por la Majestad del cielo al morir en lugar del hombre, entonces será magnificado el plan de la salvación, y al reflexionar en el Calvario se despertarán emociones tiernas, sagradas y vivas en el corazón del cristiano; vibrarán en su corazón y en sus labios alabanzas a Dios y al Cordero. El orgullo y la estima propia no pueden florecer en los corazones que mantienen frescos los recuerdos de las escenas del Calvario. Este mundo parecerá de poco valor a aquellos que estimen el gran precio de la redención del hombre, la preciosa sangre del amado Hijo de Dios. Todas las riquezas del mundo no tienen suficiente valor para redimir un alma que perece. ¿Quién puede medir el amor que sintió Cristo por el mundo perdido, mientras pendía de la cruz sufriendo por los pecados de los hombres culpables? Este amor fué inconmensurable, infinito. 1JT 228.3