Joyas de los Testimonios 2

164/280

La visión de Ezequiel

Ezequiel, el profeta que exhalaba lamentaciones en el destierro, en la tierra de los caldeos, recibió una visión que le enseñó la misma lección de fe en el poderoso Dios de Israel. Mientras estaba a orillas del río Quebar, un torbellino parecía surgir del norte, “una gran nube, con un fuego envolvente, y en derredor suyo un resplandor, y en medio del fuego una cosa que parecía como de ámbar.” Numerosas ruedas de extraña apariencia, que se entrecortaban unas a otras, eran movidas por cuatro seres vivientes. Muy por encima de todas éstas “veíase la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.” “Cuanto a la semejanza de los animales, su parecer era como de carbones de fuego encendidos, como parecer de hachones encendidos: discurría entre los animales; y el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos.” “Y debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre.” Ezequiel 1:4, 26, 13, 8. 2JT 349.3

Había ruedas dentro de las ruedas, en un arreglo tan complicado que a primera vista le parecía a Ezequiel que era todo confuso. Pero cuando se movían, era con hermosa precisión y en perfecta armonía. Los seres celestiales estaban moviendo esas ruedas y por encima de todo, sobre el glorioso trono de zafiro, estaba el Eterno; mientras que rodeaba el trono el arco iris, emblema de gracia y amor. Abrumado por la terrible gloria de la escena, Ezequiel cayó sobre su rostro, cuando una voz le ordenó que se levantase y oyese la palabra del Señor. Entonces se le dió un mensaje de amonestación para Israel. 2JT 350.1

Esta visión fué dada a Ezequiel en un tiempo en que su mente estaba llena de presentimientos lóbregos. Veía la tierra de sus padres desolada. La ciudad que había estado llena de habitantes ya no los tenía. La voz de la alegría y el canto de alabanza no se oían más en sus muros. El profeta mismo era forastero en un país extraño, donde reinaban supremas la ambición ilimitada y la crueldad salvaje. Lo que veía y oía acerca de la tiranía humana y el mal angustiaba su alma, y lloraba amargamente día y noche. Pero los símbolos admirables presentados delante de él al lado del río Quebar, le revelaron un poder predominante que era más poderoso que el de los gobernantes terrenales. Sobre los monarcas orgullosos y crueles de Asiria y Babilonia, se entronizaba el Dios de misericordia y verdad. 2JT 350.2

Las complicadas ruedas que al profeta le parecían envueltas en confusión, estaban bajo la dirección de una mano infinita. El Espíritu de Dios que, según la revelación, movía y dirigía estas ruedas, sacaba armonía de la confusión; de tal manera que todo el mundo estaba bajo su dominio. Miríadas de seres glorificados estaban listos para predominar a su orden contra el poder y la política de los hombres malos, y reportar beneficio a sus fieles. 2JT 350.3