Joyas de los Testimonios 3

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La economía en el bogar

Practicad la economía en vuestros hogares. Muchos están albergando y adorando ídolos. Apartad vuestros ídolos. Renunciad a vuestros placeres egoístas. Os ruego que no absorbáis recursos en el embellecimiento de vuestras casas; porque es el dinero de Dios, y pedirá que se lo devolváis. Padres, por amor de Cristo, no empleéis el dinero del Señor para satisfacer las fantasías de vuestros hijos. No les enseñéis a seguir la moda ni a practicar ostentación para ganar influencia en el mundo. ¿Podría esto inclinarlos a salvar las almas por las cuales Cristo murió?—No; sólo crearía envidias, celos y malas sospechas. Vuestros hijos se verían inducidos a competir con la ostentación y extravagancia del mundo y a gastar el dinero del Señor en aquello que no es esencial para la salud o la felicidad. 3JT 73.2

No enseñéis a vuestros hijos a pensar que vuestro amor hacia ellos debe expresarse satisfaciendo su orgullo, prodigalidad y amor a la ostentación. No es ahora el momento de inventar maneras de consumir el dinero. Dedicad vuestras facultades inventivas a tratar de economizarlo. En vez de satisfacer la inclinación egoísta gastando dinero en cosas que destruyen las facultades del raciocinio, procurad estudiosamente practicar la abnegación para tener algo que invertir en la tarea de enarbolar el estandarte de la verdad en los campos nuevos. El intelecto es un talento; usadlo para estudiar cómo emplear mejor vuestros recursos para la salvación de las almas. 3JT 73.3

Enseñad a vuestros hijos que Dios tiene sobre todo lo que poseen un derecho que nada puede abolir jamás; cualquier cosa que ellos tengan les ha sido confiada en custodia, para probar su obediencia. Inspiradles la ambición de ganar estrellas para su corona haciendo pasar muchas almas del pecado a la justicia. 3JT 73.4

El dinero es un tesoro necesario; no debe gastarse pródigamente en favor de quienes no lo necesitan. Algunos necesitan vuestros donativos voluntarios. Con demasiada frecuencia, los que tienen recursos dejan de considerar cuántos hay en el mundo que tienen hambre y padecen por falta de alimento. Tal vez digan: “No puedo alimentarlos a todos.” Pero practicando las lecciones de economía que nos dejó Cristo, podemos alimentar a uno. Puede ser que podáis alimentar a muchos que tienen hambre del alimento temporal; y podéis alimentar sus almas con el pan de vida. “Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada.” Juan 6:12. Estas palabras fueron pronunciadas por Aquel que tenía todos los recursos del universo a su disposición; aun cuando su poder de hacer milagros proporcionó alimento a millares, no desdeñó enseñar una lección de economía. 3JT 74.1