Consejos Sobre la Salud

530/555

Extremos en el vestir

Como pueblo, no creemos que sea nuestro deber salir del mundo para escapar de la moda. Si tenemos una manera de vestir ordenada, sencilla, modesta y cómoda, y la gente del mundo elige vestirse como nosotros, ¿cambiaríamos nuestro modo de vestir para ser diferentes del mundo? No. No debemos ser raros o singulares en nuestra vestimenta para diferenciarnos del mundo, porque nos despreciarían si lo hiciéramos. Los cristianos son la luz del mundo, la sal de la tierra. Su vestimenta debiera ser ordenada y modesta, su conversación casta y celestial, y su comportamiento sin tacha. CSI 606.1

¿Cómo debemos vestirnos? Si algunas damas usaban vestidos muy acolchados antes de la introducción de vestidos con aros metálicos, nada más que con fines de exhibición, pecaban contra sí mismas al perjudicar su salud, la cual era su deber preservar. Si hay quienes los usan ahora nada más que para imitar los vestidos con aros, cometen pecado, porque están procurando imitar una moda lamentable. Antes de la introducción de los vestidos con aros metálicos se utilizaban faldas con nervadura o cordoncillos. Yo usé faldas con nervaduras livianas desde la edad de catorce años, no con fines de exhibición sino por comodidad y decencia. Cuando se introdujeron los vestidos con aros, no abandoné mis faldas con nervaduras. ¿Tendré que descartarlas ahora, porque se han introducido los vestidos con aros metálicos? No, porque eso sería llevar las cosas a un extremo. CSI 606.2

Siempre tengo que recordar que debo ser un ejemplo, y por lo tanto no debo seguir las modas, sino un curso independiente, sin incurrir en extremos en lo que concierne a la manera de vestir. Desechar mis faldas con nervaduras, que siempre han sido modestas y cómodas, para ponerme en cambio una falda liviana de algodón, con lo cual me pondría en ridículo en el extremo opuesto, estaría mal, porque entonces no establecería el ejemplo correcto, sino que pondría un argumento en boca de las que usan vestidos con aros. Para justificarse por usar esos vestidos, me señalarían a mí como alguien que no los usa, y dirían que no se pondrían en desgracia en la misma forma. Al incurrir en tales extremos destruiríamos toda la influencia que de otro modo podríamos tener, e induciríamos a las que usan vestidos con aros a justificar su proceder. Debemos vestir modestamente, sin dar la menor consideración a la moda de los vestidos con aros.* CSI 606.3

En estas cosas existe una posición que se encuentra entre los dos extremos. Ojalá que todos encontráramos esa posición y la observáramos. En este tiempo solemne, todas escudriñemos nuestros corazones, arrepintámonos de nuestros pecados y humillémonos delante de Dios. La obra es entre Dios y nuestras propias almas. Es una obra individual, y todos tendremos suficiente que hacer sin criticar la manera de vestir, las acciones y los motivos de sus hermanos y hermanas. “Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová”. Sofonías 2:3. Esta es nuestra obra. Este pasaje no se dirige a los pecadores, sino a todos los humildes de la tierra, que han obrado los juicios de Dios y han guardado sus mandamientos. Hay una tarea para cada uno, y si todos obedecemos veremos una dulce unión en las filas de los observadores del sábado. CSI 607.1