Consejos Sobre la Salud

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Vivid vidas santas

Quisiera decir a los hombres y mujeres jóvenes que están siendo educados como enfermeros y médicos: Manteneos cerca de Jesús. Mediante su contemplación somos transformados a su semejanza. Recordad que no estáis siendo preparados para el noviazgo o el matrimonio, sino para el matrimonio con Cristo. Puede ser que tengáis un conocimiento teórico de la verdad, pero eso no os salvará. Debéis conocer por experiencia lo pecaminoso que es el pecado, y lo mucho que necesitáis a Jesús como Salvador personal. Únicamente así podéis llegar a ser hijos e hijas de Dios. Vuestro único mérito es vuestra gran necesidad. CSI 592.2

Las personas que se eligen para seguir el curso de enfermería en nuestros sanatorios debieran ser escogidas sabiamente. Las jovencitas de carácter superficial no debieran ser animadas a seguir ese curso. Muchos jóvenes que afirman estar deseosos de seguir el curso médico, carecen de los rasgos de carácter que los capacitarían para soportar las tentaciones tan comunes en el trabajo del médico. Debieran ser aceptados únicamente los que se ven con más condiciones de llegar a ser calificados para la gran obra de impartir los principios de la verdadera reforma de la salud. CSI 592.3

Las damas jóvenes que están relacionadas con nuestras instituciones debieran autovigilarse estrictamente. Debieran manifestar reserva tanto en sus palabras como en sus acciones. No debieran manifestar la menor familiaridad cuando hablan con algún hombre casado. Quisiera decir a mis hermanas relacionadas con nuestros sanatorios que se vistan con la armadura. Cuando hablan con los hombres deben ser bondadosas y corteses pero sin demostrar familiaridad. Hay ojos que os observan, que ven vuestra conducta y que os juzgan a través de ella para ver si en realidad sois hijas de Dios. Manifestad modestia. Absteneos de toda apariencia de mal. Mantened puesta la armadura celestial, o en caso contrario, por amor a Cristo renunciad a vuestro trabajo en el sanatorio, que es el lugar donde las pobres almas naufragadas han de encontrar reposo. Los que se relacionan con estas instituciones deben vigilarse a sí mismos. Nunca, mediante palabra o acción, debieran dar ocasión a que hombres perversos hablen mal de la verdad. CSI 593.1

En este mundo hay dos reinos: el reino de Cristo y el reino de Satanás. Cada uno de nosotros pertenece a uno de ellos. Cristo, en su admirable oración por sus discípulos dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”. Juan 17:15-18. CSI 593.2