Consejos para los Maestros

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La ciencia y la Biblia

No queremos restringir la educación, ni tener en poco la cultura y la disciplina mental. Dios quiere que seamos estudiantes mientras permanezcamos en el mundo. Debemos aprovechar toda oportunidad de adquirir cultura. Las facultades necesitan fortalecerse por el ejercicio, la mente ha de ser adiestrada y debe expandirse mediante estudio asiduo; pero todo esto puede hacerse mientras el corazón es presa fácil del engaño. La sabiduría de lo alto debe ser comunicada al alma. La entrada de la Palabra de Dios es lo que da luz: “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”. Salmos 119:130. Su palabra nos es dada para instruirnos; no hay en ella nada que sea deficiente o engañoso. La Biblia no ha de ser probada por las ideas que tienen los hombres acerca de la ciencia, sino que ésta ha de ser sometida a la prueba de la norma infalible. CM 410.4

Sin embargo, el estudio de las ciencias no debe descuidarse. Con este propósito deben emplearse libros que estén en armonía con la Biblia, porque ella es la norma. Las obras de este carácter deben ocupar el lugar de muchas de las que están ahora en las manos de los estudiantes. CM 411.1

Dios es el autor de la ciencia. La investigación científica abre ante la mente vastos campos de pensamiento e información, capacitándonos para ver a Dios en sus obras creadas. La ignorancia puede intentar apoyar al escepticismo apelando a la ciencia; pero en vez de sostenerlo, la verdadera ciencia revela con nuevas evidencias la sabiduría y el poder de Dios. Debidamente entendida, la ciencia y la palabra escrita concuerdan, y cada una derrama luz sobre la otra. Juntamente nos conducen a Dios, enseñándonos algo de las leyes sabias y benéficas por medio de las cuales él obra. CM 411.2

Cuando el estudiante reconoce a Dios como fuente de todo conocimiento y le honra, sometiendo la mente y el carácter para que sean amoldados por su Palabra, puede aferrarse a la promesa: “Yo honraré a los que me honran”. 1 Samuel 2:30. Cuanto más cuidadosamente se cultiva el intelecto, tanto más eficazmente podrá emplearse en el servicio de Dios, si se lo coloca bajo el dominio de su Espíritu. Los talentos usados son talentos multiplicados. La experiencia en las cosas espirituales amplía la visión de los santos y de los ángeles, y ambos crecen en capacidad y conocimiento mientras trabajan en sus respectivas esferas. CM 411.3

“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” Romanos 11:33; Special Testimonies on Education, 52-57; escrito el 16 de mayo de 1896. CM 412.1