Consejos para los Maestros

221/279

La sabiduría finita

Pero la mera lectura de la Palabra no producirá el resultado propuesto por el cielo; debe ser estudiada y albergada en el corazón. La Biblia no ha recibido la atención detenida que merece. No ha sido honrada sobre todo otro libro en la educación de los niños y los jóvenes. Los estudiantes emplean años en adquirir una educación. Estudian diferentes autores, y se familiarizan con las ciencias y la filosofía por medio de obras que contienen los resultados de investigaciones humanas; pero el Libro que proviene del Maestro divino ha sido, en extenso grado, descuidado. No se discierne su valor; sus tesoros permanecen ocultos. CM 408.4

Una educación de ese carácter es deficiente. ¿Quiénes y qué son estos hombres de saber, para que la mente y el carácter de los jóvenes sean amoldados por sus ideas? Tal vez publiquen por la pluma y la voz los mejores resultados de su raciocinio, pero abarcan tan sólo un detalle de la obra de Dios, y en su cortedad de vista, llamándolo ciencia, lo exaltan por encima del Dios de la ciencia. CM 409.1

El hombre es finito; no hay luz en su sabiduría. Su razón no puede, sin auxilio, explicar nada de las cosas profundas de Dios, ni comprender las lecciones espirituales que Dios ha puesto en el mundo material. Pero la razón es un don de Dios, y su Espíritu ayudará a los que estén dispuestos a ser enseñados. Las palabras del hombre, cuando tienen algún valor, son un eco de las palabras de Dios; en la educación de los jóvenes, no deben nunca reemplazar a la Palabra divina. CM 409.2

Las especulaciones filosóficas frías y las investigaciones científicas en las cuales no se reconoce a Dios, son un daño positivo. El mal se agrava cuando, como sucede a menudo, se coloca en las manos de los jóvenes libros aceptados como autoridad y como adecuados para su educación, pero de autores abiertamente incrédulos. Entremezclados con todos los pensamientos presentados por estos hombres, están sus sentimientos venenosos. Estudiar tales libros es como manejar negros carbones; un alumno no puede guardar su mente sin contaminación si piensa en las doctrinas escépticas. CM 409.3

Los autores de esos libros, que han sembrado la semilla de duda e incredulidad por todo el mundo, han estado bajo el adiestramiento del gran enemigo de Dios y el hombre, la cabeza reconocida de los principados y potestades, el gobernante de las tinieblas de este mundo. La palabra que Dios habló acerca de ellos es: “Se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios”, “pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias”. Romanos 1:21, 22. Rechazaron la verdad divina en su sencillez y pureza por la sabiduría de este mundo. CM 409.4

Cuandoquiera que se da la preferencia a los libros de estos autores incrédulos, y se hace secundaria la Palabra de Dios, saldrá de las escuelas una clase de estudiantes que no estará mejor preparada para el servicio de Dios que antes de haberse educado. CM 410.1