Consejos para los Maestros

207/279

Capítulo 55—Conocimiento que perdura

Me han sido dadas palabras de prevención para los maestros de nuestras escuelas. La obra de éstas debe llevar un sello diferente del que llevan algunas de las instituciones de saber más populares. Muchos de los libros de texto usados en esas escuelas son innecesarios para la obra de preparar alumnos para la escuela celestial. Como resultado, los jóvenes no están recibiendo la educación cristiana más perfecta. Se descuidan los puntos de estudio que más se necesitan para hacerlos idóneos para la obra misionera en su propia patria y en el extranjero, y prepararlos a fin de que puedan aprobar el último gran examen. La educación necesaria es la que prepara a los alumnos para un servicio práctico, enseñándoles a poner toda facultad bajo el dominio del Espíritu de Dios. El libro de estudio del más alto valor es el que contiene la instrucción de Cristo, el Maestro de los maestros. CM 376.1

El Señor requiere de los maestros que eliminen de nuestras escuelas los libros que enseñan sentimientos que no están de acuerdo con su Palabra, y den lugar a los libros que son del más alto valor. Dios será honrado cuando ellos muestren al mundo que tienen una sabiduría más que humana, porque el Maestro de los maestros es su instructor. CM 376.2

Se necesita separar de nuestra obra educativa las publicaciones falsas y contaminadas, para que no se reciban ni se alberguen como verdad las semillas del pecado. Nadie suponga que es valiosa educación un estudio de los libros que los induzca a recibir ideas falsas. Al penetrar en la mente, esas ideas separan a los jóvenes de la Fuente de toda sabiduría, eficiencia y poder, y los convierten en juguetes de las tentaciones de Satanás. Hay necesidad positiva de dar en nuestras escuelas una educación pura y sin mezcla de filosofía pagana. CM 376.3

Necesitamos precavernos continuamente contra los libros que contienen sofismas acerca de la geología y otras ramas de la ciencia. Antes de presentar las teorías de los hombres de ciencia a alumnos que no han madurado aún, es necesario eliminar de ellas todo rastro de sugestiones incrédulas. Una diminuta semilla de incredulidad sembrada por un maestro en el corazón de un alumno, puede brotar y producir una mies de incredulidad. Los sofismas relativos a Dios y su naturaleza que inundan al mundo de escepticismo, son inspirados por el enemigo caído. Satanás estudia la Biblia. Conoce las verdades esenciales para la salvación, y procura apartar de esas verdades toda mente. Tengan los maestros cuidado de no repetir las mentiras del enemigo de Dios y del hombre. Es un error colocar en las manos de los jóvenes libros que los dejan perplejos y confusos. La razón que se da a veces para este estudio es que el maestro recorrió ese terreno, y el alumno debe seguirle. Pero si los educadores recibiesen luz y sabiduría del Maestro divino, mirarían este asunto de una manera muy diferente. Medirían la importancia relativa de las cosas que se han de aprender en la escuela. Se enseñarían más cabalmente las ramas comunes y esenciales de la educación, y se estimaría la Palabra de Dios como pan enviado del cielo, que sostiene toda vida espiritual. CM 377.1

Somos tardos en comprender cuán necesario es entender las enseñanzas de Cristo y sus métodos de trabajo. Si los comprendiésemos mejor, gran parte de las instrucciones dadas en nuestras escuelas sería considerada sin valor. Se vería que mucho de lo que se enseña ahora no desarrolla la sencillez de la verdadera piedad en la vida del alumno. La sabiduría finita recibiría menos estima, y la Palabra de Dios tendría un lugar de mayor honor. CM 377.2

Si los maestros de nuestras escuelas escudriñasen las Escrituras con el propósito de comprenderlas mejor por su cuenta, abriendo su corazón a la luz dada en la Palabra, serían enseñados de Dios. Amarían y practicarían la verdad, y trabajarían para impartir menos de las teorías y sentimientos de los hombres que nunca estuvieron relacionados con Dios, y más del conocimiento que perdura. Sentirían una profunda hambre del alma por la sabiduría que viene de lo alto. CM 378.1