Consejos para los Maestros

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Capítulo 50—El peligro de las diversiones

Incidentes recientemente ocurridos en nuestros colegios y sanatorios me inducen a presentar de nuevo las instrucciones que el Señor me dio para los maestros y alumnos de nuestra escuela de Cooranbong, Australia. CM 333.1

Durante abril de 1900, en la escuela de Avondale se decretó un día de asueto para los obreros cristianos. El programa del día requería una reunión en la capilla por la mañana, en la cual varias otras personas y yo nos dirigimos a los alumnos llamando su atención a lo que Dios había hecho para la edificación de esa escuela, y a sus privilegios y oportunidades como alumnos. CM 333.2

Después de la reunión, los alumnos dedicaron el resto del día a diversos juegos y deportes, algunos de los cuales eran frívolos, rudos y grotescos. CM 333.3

Durante la noche siguiente, me pareció estar presenciando las actuaciones de la tarde. La escena me fue presentada claramente, y se me dio un mensaje para el administrador y los maestros de la escuela. CM 333.4

Me fue mostrado que en las diversiones de la escuela aquella tarde, el enemigo había ganado una victoria; los maestros habían sido pesados en la balanza y hallados faltos. Sentí mucha angustia y preocupación al pensar que los que ocupaban puestos de responsabilidad hubiesen podido abrir la puerta y, por así decirlo, invitar al enemigo; porque fue lo que hicieron al permitir las diversiones que se realizaron. Como maestros, debieran haberse mantenido firmes y haberse opuesto a dar lugar al enemigo en cualquier manera. Por lo que ellos permitieron, mancillaron su foja de servicios y agraviaron al Espíritu de Dios. Los alumnos fueron estimulados en una conducta cuyos efectos no se iban a borrar fácilmente. No tiene fin la senda de las diversiones vanas, y todo paso dado en ella es un paso en la senda por la cual Cristo no ha viajado. CM 333.5

Esta introducción de planes erróneos fue la primera cosa contra la cual debieran haberse puesto celosamente en guardia. La escuela de Avondale fue establecida, no como las escuelas del mundo, sino, según Dios lo reveló, para ser una escuela modelo. Y puesto que esto había de ser, los encargados de ella debieran haberlo perfeccionado todo de acuerdo con el plan de Dios, descartando cuanto no estuviese en armonía con su voluntad. Si sus ojos hubieran estado untados con el colirio celestial, se habrían dado cuenta de que no podían permitir, sin deshonrar a Dios, las actividades que se realizaron aquella tarde. CM 334.1

El miércoles de mañana, cuando dirigí a los alumnos y a los demás que se habían congregado las palabras que el Señor me dio que hablara, no sabía nada de lo que había de realizarse después; porque no se me había comunicado nada de ello. ¿Cómo podían los que dirigían la escuela armonizar con las palabras pronunciadas las cosas que siguieron, que eran de un carácter tal que anulaban las instrucciones que acababan de llegarles de Dios? Si sus percepciones no hubiesen estado grandemente oscurecidas, habrían comprendido que esas instrucciones reprobaban todo proceder de esa naturaleza. CM 334.2

Yo sentía profundamente la importancia de las palabras que el Señor me dio en esa ocasión para maestros y alumnos. Esas instrucciones presentaban a los alumnos deberes del más alto orden; y cuando, por las diversiones a las cuales se dedicaron más tarde, se borraron las buenas impresiones hechas, era decir virtualmente: “No queremos tu camino, oh Dios; queremos el nuestro; queremos seguir nuestra propia sabiduría”. CM 334.3

Durante la noche fui testigo de lo que se realizaba en los terrenos de la escuela. Cumplieron el propósito del enemigo los alumnos que participaban en la grotesca pantomima que se vio, y algunos de ellos lo hicieron en forma muy inconveniente. Me fue presentada una visión en la cual vi a los alumnos jugando partidas de tennis y cricket. Luego se me instruyó acerca del carácter de esas diversiones. Me fueron presentadas como una especie de idolatría, como los ídolos de las naciones. CM 335.1

Había más espectadores que los visibles en el terreno. Satanás y sus ángeles estaban allí, haciendo impresiones en las mentes humanas. Los ángeles de Dios, que ministraban a los que han de heredar la salvación, estaban también presentes, no para aprobar, sino para desaprobar. Se avergonzaban de que una exhibición tal fuese presentada por los profesos hijos de Dios. Las fuerzas del enemigo obtuvieron una victoria decidida, y Dios fue deshonrado. El que dio su vida para refinar, ennoblecer y santificar a los seres humanos, quedó agraviado por lo que se realizó. CM 335.2

Oyendo una voz, me di vuelta para ver quién me hablaba. Entonces con dignidad y solemnidad Alguien dijo: “¿Es ésta la manera de celebrar el aniversario de la apertura de la escuela? ¿Es ésta la ofrenda de gratitud que presentáis a Dios por las bendiciones que os ha dado? El mundo podría traer una ofrenda tan aceptable como ésta en esta ocasión memorable. Los maestros están cometiendo el mismo error que se ha cometido vez tras vez. Deben adquirir sabiduría de los incidentes pasados. El mundo negligente y ateo puede ofrecer muchas ofrendas como ésta, de una manera mucho más aceptable”. CM 335.3

Dirigiéndose a los maestros, dijo: “Habéis cometido un error cuyos efectos será difícil borrar. El Señor de Israel no queda glorificado en la escuela. Si en este momento el Señor permitiese que acabase vuestra vida, muchos se perderían, eternamente separados de Dios y de los justos”. CM 335.4