Consejos para los Maestros

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La parte del estudiante

Nuestras escuelas han sido establecidas para que en ellas los jóvenes puedan aprender a obedecer a Dios y a su ley, y prepararse para servir. Los reglamentos son necesarios para la conducta de los que asisten, y los estudiantes deberán obrar en armonía con ellos. Ningún alumno debe pensar que, por el hecho de que se le permitía gobernar en su casa, puede gobernar en la escuela. Supongamos que se permitiese esto; ¿cómo podrían los jóvenes prepararse para ser misioneros? Cada estudiante que entra en una de nuestras escuelas, debe colocarse bajo la disciplina. Los que se niegan a obedecer los reglamentos, deben volver a sus casas. CM 251.3

Los maestros han de ligar los alumnos a su corazón por las cuerdas del amor, la bondad y la estricta disciplina. De nada valen el amor y la bondad si no van unidos a la disciplina que Dios ha dicho debe mantenerse. Los estudiantes vienen a la escuela con el objeto de ser disciplinados para servir y adiestrarse para sacar el mejor partido de sus facultades. Si al llegar, resuelven cooperar con sus maestros, su estudio valdrá más para ellos que si se entregan a la inclinación de ser rebeldes y desobedientes. Concedan ellos a sus maestros su simpatía y cooperación. Echen mano firmemente del brazo del poder divino, resolviendo no apartarse de la senda del deber. Sepan enjaezar los malos hábitos, y ejercer su influencia del lado correcto. Recuerden que el éxito de la escuela depende de su consagración y santificación, de la santa influencia que sienten que deben ejercer. Fíjense un blanco alto, y resuelvan alcanzarlo. Cuando se les pida que obren en forma contraria a los reglamentos de la escuela, contesten con un decidido no. CM 252.1