Consejos para los Maestros

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El maestro como evangelista

La obra de educar a nuestros jóvenes según nos ha sido bosquejada en la instrucción dada por Dios, debe mantenerse en forma sagrada. Debemos escoger como maestros a los que educarán en forma correcta. Dijo mi Instructor: “No se elija como maestros para educar y preparar a los jóvenes a los que no quieran conservar la sencillez de los métodos de Cristo. Sus enseñanzas divinas contienen la misma esencia de la simplicidad santificada”. CM 236.3

Los que presentan a los estudiantes las materias en una luz incierta, no son idóneos para la obra de la enseñanza. Nadie está calificado para este trabajo, a menos que aprenda diariamente a hablar las palabras del Maestro enviado de Dios. Ahora es el tiempo de sembrar la semilla del Evangelio. La semilla que sembramos debe ser la que produzca el fruto más selecto. No tenemos tiempo que perder. La obra de nuestras escuelas ha de volverse cada vez más semejante en su carácter a la obra de Cristo. Únicamente el poder de la gracia de Dios obrando sobre los corazones y las mentes humanas, hará limpia la atmósfera de nuestras escuelas e iglesias y la mantendrá así. CM 236.4

Hubo en nuestras escuelas maestros que podrían haber actuado bien en una institución de saber mundano, pero que no eran idóneos para enseñar a nuestros jóvenes porque ignoraban las verdades del Evangelio de Cristo. Eran incapaces de poner en sus labores la sencillez de Cristo. Debiera ser obra de cada maestro dar preeminencia a las verdades que nos han llamado a destacarnos como un pueblo peculiar delante del mundo, y que pueden guardarnos en armonía con las leyes del cielo. En los mensajes que se nos ha enviado de tiempo en tiempo, tenemos verdades que realizarán una obra maravillosa de reforma en nuestro carácter si les damos cabida. Nos prepararán para entrar en la ciudad de Dios. Es privilegio nuestro hacer progresos continuos hacia un grado superior de vida cristiana. CM 237.1