Conducción del Niño

78/86

Capítulo 75—La conducción de los niñitos a Cristo

¿Cuán precozmente pueden llegar a ser cristianos los niños? En la niñez la mente fácilmente se impresiona y se modela, y entonces es cuando los muchachos y las niñas debieran ser enseñados a amar y honrar a Dios.—Manuscrito 115, 1903. CN 459.1

Dios quiere que todo niño de tierna edad sea su hijo, adoptado en su familia. Por muy jóvenes que sean, pueden ser miembros de la familia de la fe, y tener una experiencia muy preciosa. Pueden tener corazones tiernos, y dispuestos a recibir impresiones duraderas. Pueden sentir sus corazones atraídos en confianza y amor hacia Jesús, y vivir para el Salvador. Cristo hará de ellos pequeños misioneros. Toda la corriente de sus pensamientos puede cambiarse, de manera que el pecado aparezca, no como cosa que se pueda disfrutar, sino a la cual hay que rehuir y odiar.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 130. CN 459.2

La edad no tiene importancia—Una vez se preguntó a un eminente teólogo qué edad debería tener un niño antes de que fuera razonable esperar que fuera cristiano. “La edad no tiene nada que ver”, fue la respuesta. “El amor a Jesús, la confianza, la calma, la fe, son cualidades que condicen con la naturaleza del niño. Tan pronto como un niño puede amar a su madre y confiar en ella, puede amar a Jesús y confiar en él como en el Amigo de su madre. Jesús será el Amigo del niño, amado y honrado”. CN 459.3

En vista de esta declaración veraz, ¿podrán ser demasiado cuidadosos los padres en el precepto y el ejemplo que presenten delante de esos ojitos vigilantes y esos sentidos aguzados? Nuestra religión debiera ser práctica. Se necesita en nuestros hogares tanto como en la casa de culto. No debiera haber nada frío, severo y repulsivo en nuestro comportamiento, sino que debiéramos mostrar, mediante la bondad y la simpatía, que poseemos corazones cálidos y amantes. Jesús debiera ser el Huésped honrado en el círculo familiar. Debiéramos conversar con él, traerle todas nuestras cargas y conversar de su amor, su gracia y su perfección de carácter. ¡Qué lección podría ser dada diariamente por padres piadosos si llevaran todas sus dificultades a Jesús, el Portador de las cargas, en vez de regañar y refunfuñar por los cuidados y perplejidades que no pueden evitar! Puede enseñarse a los pequeños que vuelvan la mente a Jesús como las flores vuelven sus pétalos que se abren al sol.—Good Health, enero de 1880. CN 459.4

El amor de Dios debiera ser enseñado en cada lección—La primera lección que debe enseñarse a los niños es que Dios es su Padre. Debiera dárseles esta lección en sus más tiernos años. Los padres deben comprender que son responsables delante de Dios por familiarizar a sus hijos con su Padre celestial. . . . En cada lección debe enseñarse que Dios es amor.—The Review and Herald, 6 de junio de 1899. CN 460.1

Los padres y madres debieran enseñar del amor de Jesús a las criaturas, los niños y los jóvenes. Sean de Cristo los primeros balbuceos del nene.—The Review and Herald, 9 de octubre de 1900. CN 460.2

Cristo debiera estar relacionado con todas las lecciones dadas a los niños.—The Signs of the Times, 9 de febrero de 1882. CN 460.3

El niño debiera estar relacionado con las cosas de Dios desde sus más tiernos años. Con palabras sencillas, cuéntele la madre acerca de la vida de Cristo en la tierra. Y más que esto, viva ella en su vida diaria las enseñanzas del Salvador Muestre a su hijo, por su propio ejemplo, que esta vida es una preparación para la vida venidera, un período concedido a los seres humanos en el cual pueden formar caracteres que les ganarán entrada en la ciudad de Dios.—Manuscrito 2, 1903. CN 460.4

Necesitan más que un cuidado accidental—Ha habido muy poca atención hacia los niños y jóvenes, y ellos no se han desarrollado como debieran en la vida cristiana porque los miembros de iglesia no los han considerado con ternura y simpatía deseando que pudieran avanzar en la vida divina.—The Review and Herald, 13 de febrero de 1913. CN 461.1

No se glorifica al Señor cuando se descuida o pasa por alto a los niños. . . . Necesitan más que una atención casual, más que una palabra de estímulo. Es necesario trabajar por ellos esforzada y cuidadosamente, y con oración. El corazón que está lleno de amor y simpatía alcanzará el corazón de los oyentes aparentemente negligentes y sin esperanza.—Consejos Sobre la Obra de la Escuela Sabática, 85. CN 461.2

Jesús dice: “Preparad a estos niños para mí”—Los padres debieran procurar comprender el hecho de que han de preparar a sus hijos para la corte de Dios. Cuando les confían los hijos, es lo mismo como si Cristo los colocara en sus brazos y dijera: “Preparad a estos niños para mí, para que puedan brillar en las cortes de Dios”. Uno de los primeros sonidos que debiera llamar la atención es el nombre de Jesús y en sus más tiernos años debieran ser conducidos al escabel de la oración. Su mente debiera ser llenada con los relatos de la vida del Señor y su imaginación despertada con la descripción de las glorias del mundo venidero.—The Review and Herald, 18 de febrero de 1895. CN 461.3

Pueden tener una experiencia cristiana en la niñez—Ayudad a vuestros hijos a prepararse para las mansiones que Cristo ha ido a preparar para aquellos que le aman. Ayudadlos a cumplir el propósito de Dios para ellos. Vuestra instrucción sea tal que los ayude a ser un honor para Aquel que murió para asegurarles la vida eterna en el reino de Dios. Enseñadles a responder a la invitación: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”.—Manuscrito 138, 1903. CN 461.4

Mi hermano y hermana, tenéis una obra sagrada que hacer en la preparación de vuestros hijos. Mientras son jóvenes, su corazón y mente son más receptivos a las impresiones correctas. . . . Ensedadles que tienen una parte individual que realizar y una experiencia cristiana que ganar aun en su niñez.—Carta 10, 1912. CN 462.1

A menos que los padres hagan de la dirección de sus hijos la primera ocupación de la vida, para conducirlos por sendas de justicia desde sus más tiernos años, la senda errónea será elegida antes que la correcta.—The Review and Herald, 14 de abril de 1885. CN 462.2

La obediencia voluntaria es la prueba de la conversión—¿No habremos de enseñar a nuestros hijos que la obediencia voluntaria a la voluntad de Dios demuestra que los que pretenden ser cristianos lo son de verdad? El Señor afirma en verdad cada palabra que dice.—Manuscrito 65, 1899. CN 462.3

La ley de Dios, el fundamento de la reforma—La ley de Dios ha de ser el instrumento de educación en la familia. Los padres están bajo una solemnísima obligación de caminar en todos los mandamientos de Dios, dando a sus hijos un ejemplo de la más estricta integridad. . . CN 462.4

La ley de Dios es el fundamento de toda reforma duradera. Hemos de presentar al mundo, en forma clara y distinta, la necesidad de obedecer la ley de Dios. El gran movimiento de reforma debe comenzar en el hogar. La obediencia a la ley de Dios es el gran incentivo para la laboriosidad, la economía, la veracidad y el trato justo entre los hombres.—Carta 74, 1900. CN 462.5

Enseñadlo a los niños—¿Habéis enseñado a vuestros hijos, desde su niñez, que guarden los mandamientos de Dios? . . . Habéis de enseñarles a formar caracteres a semejanza del modelo divino para que Cristo se les revele. Está dispuesto a revelarse a los niños. Sabemos esto por la historia de José, de Samuel, de Daniel y sus compañeros. ¿No podemos ver por el relato de sus vidas lo que Dios espera de los niños y de los jóvenes?—Manuscrito 62, 1901. CN 463.1

Los padres . . . están bajo la obligación ante Dios de presentar a sus hijos ante él capacitados desde un periodo muy tierno para recibir un conocimiento inteligente de lo que significa ser seguidor de Jesucristo.—Manuscrito 59, 1900. CN 463.2

El testimonio de una niña convertida—La religión les ayuda a los niños a estudiar mejor y a hacer más fielmente su trabajo. Una niñita de doce años estaba relatando de una manera sencilla la evidencia de que era cristiana. Dijo: “No me gustaba estudiar, sino jugar. Era perezosa en la escuela y, muchas veces, no sabía mis lecciones. Pero ahora aprendo bien cada lección, para agradar a Dios. Antes era desaplicada en la escuela y, cuando no me miraban las maestras, hacía travesuras para que las vieran los otros niños. Ahora procuro agradar a Dios, portándome bien y observando las reglas de la escuela. Era egoísta en casa; no me gustaba hacer mandados, y me enojaba cuando mamá me llamaba del juego para ayudarla en el trabajo. Ahora me es un verdadero placer ayudar a mi madre de cualquier manera que sea, y mostrarle que la amo”.—Consejos Sobre la Obra de la Escuela Sabática, 87, 88. CN 463.3

Cuidado con la dilación—Padres, debéis comenzar a disciplinar las mentes de vuestros hijos en la más tierna edad, a fin de que sean cristianos. . . Cuidad de no estar arrullándolos sobre el abismo de la destrucción, con la errónea idea de que no tienen bastante edad para ser responsables, ni para arrepentirse de sus pecados y profesar a Cristo.—Joyas de los Testimonios 1:146. CN 464.1

Los niños de ocho, diez y doce años tienen ya bastante edad para que se les hable de la religión personal. No mencionéis a vuestros hijos algún período futuro en el que tendrán bastante edad para arrepentirse y creer en la verdad. Si son debidamente instruidos, los niños, aun los de poca edad, pueden tener opiniones correctas acerca de su estado de pecado y el camino de salvación por Cristo.—Joyas de los Testimonios 1:150. CN 464.2

Se me refirió a las muchas promesas preciosas registradas para aquellos que buscan temprano a su Salvador. “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, no tengo en ellos contentamiento”. Eclesiastés 12:1. “Yo amo a los que me aman; y me hallan los que madrugando me buscan”. Proverbios 8:17. El gran Pastor de Israel dice todavía: “Dejad a los niños, y no les impidáis de venir a mí; porque de los tales es el reino de los cielos”. Mateo 19:14. Enseñad a vuestros hijos que la juventud es el mejor tiempo para buscar al Señor.—Joyas de los Testimonios 1:146, 147. CN 464.3

Sean dirigidos desde la infancia y a través de la juventud—Permitir que un niño siga sus impulsos naturales, es permitirle que se deteriore y se haga experto en el mal. Los resultados de la educación errónea se comienzan a revelar en la niñez. Un temperamento egoísta se forja en la temprana juventud, y a medida que crece el joven y pasa a la madurez, crece en el pecado. Los hijos a quienes se ha permitido seguir la senda de su propia elección dan un continuo testimonio contra el descuido paternal. Tal sendero de degradación se puede evitar rodeándolos de influencias que contrarrestarán el mal. Desde la infancia a la juventud, y de la juventud a la edad madura, un hijo debiera estar bajo la influencia del bien.—The Review and Herald, 15 de septiembre de 1904. CN 464.4

Fortalézcase a los hijos para las pruebas futuras—Padres, formulaos la solemne pregunta: “¿Hemos educado a nuestros hijos para que se sometan a la autoridad paterna y así se preparen para obedecer a Dios, para amarlo, para mantener su ley como la norma suprema de conducta y de vida? ¿Los hemos educado para que sean misioneros para Cristo? ¿Para que se conduzcan haciendo el bien?” Padres creyentes, vuestros hijos tendrán que luchar batallas decisivas para el Señor en el día del conflicto, y al paso que ganen victorias para el Príncipe de paz, pueden ganar triunfos para sí mismos. Pero si no han sido criados en el temor del Señor, si no tienen un conocimiento de Cristo, ni una relación con el cielo, no tendrán poder moral y se rendírán ante las potencias terrenales que han pretendido exaltarse por encima del Dios del cielo al establecer un espurio día de reposo para ocupar el lugar del sábado de Jehová.—The Review and Herald, 23 de abril de 1889. CN 465.1