El Hogar Cristiano

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Capítulo 78—La familia como centro misionero

Dirijan correctamente los padres a sus hijos—A nosotros, como padres cristianos, nos toca dar a nuestros hijos la debida dirección. Deben ser guiados con cuidado, prudencia y ternura en la senda del ministerio cristiano. Un pacto sagrado con Dios nos impone la obligación de educar a nuestros hijos para servirle. Rodearlos de una influencia que los lleve a escoger una vida de servicio, y darles la educación necesaria para ello, tal es nuestro primer deber.1 HC 440.1

Pueden ser como Daniel y Ester—El propósito de Dios para con los niños que crecen en nuestros hogares es más amplio, más profundo, y más elevado de lo que ha comprendido nuestra restringida visión. En lo pasado, Dios ha llamado a personas de origen humilde a las cuales ha visto fieles, para que diesen testimonio de él en los sitios más encumbrados del mundo. Y más de un muchacho de hoy día que crezca como Daniel en su hogar de Judea, estudiando la Palabra de Dios y sus obras y aprendiendo lecciones de servicio fiel, se hallará aún ante asambleas legislativas, en tribunales de justicia, o en cortes reales, como testigo del Rey de reyes. Multitudes serán llamadas a un ministerio más amplio. El mundo entero se abre al Evangelio. ... De toda región del mundo, llega el clamor de corazones heridos por el pecado que ansían conocer al Dios de amor. ... A los que hemos recibido este conocimiento, junto con nuestros hijos a quienes podemos impartirlo, nos toca responder a su clamor. A toda casa y toda escuela, a todo padre, maestro y niño sobre los cuales ha brillado la luz del Evangelio, se hace en esta crisis la pregunta hecha a Ester en aquella crisis decisiva de la historia de Israel: “¿Quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino?”2 HC 440.2

Maneras de testificar por Cristo—Todos no pueden ir a los campos extranjeros como misioneros, pero cada cual puede hacer trabajo misionero en su familia y en su vecindario. Los miembros de iglesia pueden comunicar el mensaje de muchas maneras a quienes los rodean. Uno de los medios más eficaces es vivir una vida cristiana útil y desinteresada. Aquellos que pelean la batalla de la vida con grandes desventajas, pueden ser animados y fortalecidos por medio de pequeñas atenciones que no cuestan nada. Las palabras amables dichas con sencillez, junto con pequeñas atenciones, bastarán a veces para disipar las nubes de la tentación y de la duda que cubren las almas. Una simpatía cristiana, del corazón, expresada con franqueza, puede abrir la puerta de los corazones que necesitan el delicado toque del Espíritu del Señor.3 HC 441.1

Un vasto campo de actividad se abre delante de las mujeres así como de los hombres. Se necesitan cocineras competentes, costureras y enfermeras. Enseñad a los pobres a cocinar los alimentos, a remendar sus ropas, a atender a los enfermos y a cuidar debidamente sus casas. Debiera acostumbrarse a los niños a hacerse útiles prestando pequeños servicios a los que son menos favorecidos que ellos.4 HC 441.2

Niños y jóvenes que sirven a otros—Algunos dirán, tratando de disculparse: “Mis deberes domésticos y mis hijos exigen todo mi tiempo y todos mis recursos.” Padres, vuestros hijos pueden ser para vosotros una ayuda que acreciente vuestras fuerzas y capacidades de trabajar para el Maestro. Los niños son los miembros más jóvenes de la familia del Señor. Deben ser inducidos a consagrarse a Dios, a quien pertenecen por derecho de creación y de redención. Se les debe enseñar que todas sus energías del espíritu, del cuerpo y del alma pertenecen al Señor. Hay que enseñarles a servir en diferentes actividades útiles y desinteresadas. No permitáis que vuestros hijos sean impedimentos. Ellos deben compartir con vosotros vuestras cargas espirituales así como las materiales. Al ayudar a otros, ellos acrecientan su propia felicidad y utilidad.5 HC 441.3

Si en cada iglesia los jóvenes de uno y otro sexo se consagraran solemnemente a Dios, si practicaran la abnegación en la vida familiar, aliviando a sus madres cansadas y acongojadas, ¡qué cambio no se vería en nuestras iglesias! La madre podría hallar tiempo para hacer visitas en el vecindario. Según tuvieran oportunidad, los niños, aun en tierna edad, podrían ayudar haciendo pequeños mandados de misericordia y amor en beneficio de otras personas. Así se podría entrar en miles de hogares pobres y menesterosos que no conocen nuestra fe. En muchas familias, podrían colocarse libros referentes a salud y temperancia. Hacer circular tales libros es obra importante; porque contienen preciosos conocimientos acerca de cómo tratar las enfermedades, conocimientos que serían de gran bendición para los que no pueden gastar en visitas de médico.6 HC 442.1

Dios quiere pequeños misioneros—Dios quiere que todo niño de tierna edad sea hijo suyo, adoptado en su familia. Aun cuando sus años sean pocos, los jóvenes pueden ser miembros de la familia de la fe y gozar una experiencia preciosa.7 HC 442.2

Durante sus primeros años los niños pueden ser útiles en la obra de Dios. ... El les dará su gracia y su Espíritu Santo, para que venzan la impaciencia, la irritabilidad y todo pecado. Jesús ama a los niños. Les reserva bendiciones y se deleita en verlos obedecer a sus padres. Desea que sean sus pequeños misioneros, que sacrifiquen sus propias inclinaciones y sus deseos de placer egoísta a fin de servirle; y este servicio es tan aceptable para Dios como lo es el de sus hijos adultos.8 HC 442.3

Por sus preceptos y su ejemplo, los padres han de enseñar a sus hijos a trabajar por los inconversos. Los niños deben ser educados de tal manera que simpaticen con los ancianos y afligidos y procuren aliviar los padecimientos de los pobres y angustiados. Se les debe enseñar a ser diligentes en la obra misionera; y desde sus primeros años debe inculcárseles que, a fin de colaborar con Dios, han de ser abnegados y hacer sacrificios para beneficiar a los demás y hacer progresar la causa de Cristo.9 HC 443.1

Enseñen los padres a sus pequeñuelos la verdad tal cual es en Jesús. En su sencillez, los niños repetirán a sus compañeros lo que han aprendido.10 HC 443.2

La iglesia tiene trabajo para los jóvenes—Deben los dirigentes de la iglesia idear planes para que los jóvenes de uno y otro sexo se preparen para utilizar los talentos que se les confió. Los miembros de la iglesia que tienen más edad han de procurar hacer una obra ferviente y compasiva en favor de los niños y jóvenes. Dediquen los pastores toda su habilidad a idear planes para inducir a los miembros jóvenes de la iglesia a cooperar con ellos en la obra misionera. No os imaginéis, sin embargo, que podéis despertar su interés con sólo predicar un largo sermón en la reunión misionera. Haced planes que despierten vivo interés y den a todos una parte que hacer. Preparad a los jóvenes para que hagan lo que se les asigne, y pedidles que, trayendo semana tras semana sus informes a la reunión misionera, relaten lo que experimentaron y qué éxito tuvieron por la gracia de Cristo. Tales informes, presentados por obreros consagrados, harán que las reuniones misioneras no sean tediosas ni carezcan de concurrentes. Rebosarán, más bien, de interés.11 HC 443.3

Búsquense oportunidades—Hay oportunidades al alcance de cada uno. Emprended la obra que debe ser hecha en vuestro vecindario y de la cual se os hace responsables.* No aguardéis a que otros os insten a avanzar. Obrad sin dilación y recordando vuestra responsabilidad individual hacia Aquel que dió su vida por vosotros. Actuad como si oyerais a Cristo invitándoos personalmente a despertar de vuestro sueño y a ejercitar toda facultad que Dios os dió para rendir lo máximo en su servicio. No os detengáis a mirar si los demás están listos para recibir la inspiración de la Palabra del Dios viviente. Si estáis cabalmente consagrados, él traerá a la verdad, por vuestro intermedio, a quienes pueda usar para transmitir la luz a muchas almas que están en tinieblas.12 HC 443.4

Vayan familias cristianas a regiones sin luz—Dios invita a familias cristianas a que se trasladen en medio de las comunidades sumidas aún en las tinieblas y el error, a fin de trabajar para el Maestro con tacto y perseverancia. Se necesita renunciamiento para responder a tales llamadas. Mientras que muchos esperan que toda dificultad haya desaparecido, hay almas que mueren sin esperanza y sin Dios en el mundo. Muchas personas están dispuestas a aventurarse en regiones pestilenciales y sufrir penurias y privaciones por alguna ventaja terrenal o para adquirir conocimientos científicos. ¿Quién está dispuesto a hacer otro tanto para hablar del Salvador? ¿Dónde están los hombres y las mujeres que querrán ir a las regiones necesitadas del Evangelio para anunciar el Redentor a quienes viven en las tinieblas?13 HC 444.1

Si hubiese familias dispuestas a establecerse en los lugares obscuros de la tierra, donde los habitantes están rodeados de lobreguez espiritual, y allí dejaran que la luz de la vida de Cristo resplandeciese por su intermedio, se podría realizar una gran obra. Comiencen su obra de una manera modesta y sosegada, sin gastar recursos de la asociación hasta que el interés se extienda tanto que no lo puedan atender sin ayuda pastoral.14 HC 444.2

Los niños harán lo que otros no puedan hacer—Cuando los agentes celestiales vean que no se permite más a los hombres presentar la verdad, el Espíritu de Dios descenderá sobre los niños y ellos harán en la proclamación de la verdad una labor que los obreros de mayor edad no podrán hacer, por cuanto su camino se hallará cerrado.15 HC 445.1

En las escenas finales de la historia de esta tierra, muchos de estos niños y jóvenes asombrarán a la gente por su testimonio de la verdad, que darán con sencillez, pero con espíritu y poder. Se les habrá enseñado el temor de Jehová y su corazón habrá sido enternecido por un estudio cuidadoso de la Biblia, acompañado de oración. En el cercano futuro, muchos niños serán dotados del Espíritu de Dios, y harán en la proclamación de la verdad al mundo, una obra que en aquel entonces no podrán hacer los miembros adultos.16 HC 445.2

Nuestras escuelas de iglesia han sido instituídas por Dios para preparar a los niños para esta gran obra. En ellas han de ser educados los niños en las verdades especiales para este tiempo y en la obra misionera práctica. Ellos han de alistarse en el ejército de obreros para auxiliar a los enfermos y a los que sufren. Los niños pueden tomar parte en la obra médico-misionera y mediante sus jotas y tildes pueden contribuir a llevarla adelante. ... Por su intermedio se hará notorio el mensaje de Dios y su salud salvadora a todas las naciones. Por lo tanto, preocúpese la iglesia por los corderos del rebaño. Sean los niños educados y preparados para servir a Dios, pues ellos son la heredad del Señor.17 HC 445.3

Aprendan trabajando—El amor y la lealtad a Cristo son las fuentes de todo servicio verdadero. En el corazón conmovido por su amor se engendra el deseo de trabajar por él. Estimúlese y diríjase debidamente este deseo. Ya sea en el hogar, el vecindario, o la escuela, la presencia del pobre, el afligido, el ignorante o el desgraciado, no debería ser considerada como una desgracia, sino como el medio de proveer una preciosa oportunidad para el servicio. HC 445.4

En esta obra, como en cualquiera otra, se adquiere pericia en el trabajo mismo. Se obtiene eficiencia por medio de la preparación en los deberes comunes de la vida y en el ministerio a los necesitados y dolientes. Sin esto, los esfuerzos mejor intencionados son con frecuencia inútiles y hasta perjudiciales. Los hombres aprenden a nadar en el agua, y no en tierra.18 HC 446.1