En los Lugares Celestiales

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Salvaguardando las facultades morales, 9 de julio

Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales, que batallan contra el alma. 1 Pedro 2:11. ELC 199.1

Existe hoy una alarmante trivialidad en la conversación que muestra un bajo estado de pensamientos y de moralidad. La verdadera dignidad de carácter es muy rara. La verdadera modestia y reserva se ven raramente. Hay unos pocos que son puros y no contaminados... Dios contempla con desagrado estas cosas... ELC 199.2

Los pensamientos contaminados albergados llegan a ser hábito y el alma queda desfigurada y contaminada. Una vez cometida una mala acción, queda una mancha que no la puede quitar sino la sangre de Cristo; y si el hábito no es rechazado con firme determinación, el alma se corrompe y las corrientes que fluyen de esta fuente corrompida contaminarán a otros.—Carta 26d, 1887. ELC 199.3

Hay hombres y mujeres que invitan a la tentación; se ponen en situaciones en las cuales serán tentados, donde no podrán evitarlo al colocarse en compañías objetables. La mejor manera de estar a salvo del pecado es actuar con la debida consideración en todo tiempo y bajo todas las circunstancias, nunca actuar impulsivamente. Actúa con el temor de Dios siempre delante de ti y estarás seguro de actuar correctamente; y deja que Dios cuide de tu reputación. La calumnia no podrá entonces mancillar en un ápice tu carácter. Nadie puede degradar nuestro carácter sino nosotros mismos mediante nuestra propia conducta... ELC 199.4

Debe mantenerse la mente meditando en temas puros y santos. Debe rechazarse de inmediato toda sugestión impura, y deben cultivarse pensamientos puros, elevadores, la santa contemplación, obteniendo así más y más conocimiento de Dios ejercitando la mente en la contemplación de las cosas celestiales... ELC 199.5

Proponte alcanzar una norma elevada y santa; mantén en alto tu ideal; actúa con firme determinación, como Daniel, intrépidamente, con perseverancia, y nada que pueda hacer el enemigo estorbará tu progreso.—Ibid. ELC 199.6