Joyas de los Testimonios 2

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El crecimiento cristiano*

Se me ha mostrado que aquellos que tienen un conocimiento de la verdad, y, sin embargo, dejan que todas sus facultades sean absorbidas por intereses mundanales, son infieles. No permiten que, por sus buenas obras, la luz de la verdad resplandezca para otros. Casi toda su capacidad está dedicada a hacerse astutos y hábiles hombres del mundo. Se olvidan de que Dios les dió talentos para que los usasen para el adelantamiento de su causa. Si fuesen fieles a su deber, el resultado sería una gran ganancia de almas para el Maestro; mientras que muchas se pierden por su negligencia. 2JT 96.1

Dios invita a aquellos que conocen su voluntad a ser hacedores de su palabra. La debilidad, la tibieza y la indecisión provocan los asaltos de Satanás; y los que permiten el desarrollo de estos defectos serán arrastrados, impotentes, por las violentas olas de la tentación. De cada uno de los que profesan el nombre de Cristo se requiere que crezca hasta la plena estatura de Cristo, cabeza viviente del cristiano. 2JT 96.2

Todos necesitamos un guía a través de las muchas estrecheces de la vida, tanto como el marino necesita un piloto entre los bajíos o las rocas del río. ¿Dónde puede encontrarse ese guía? Os indicamos la Biblia, amados hermanos. Inspirada por Dios, escrita por hombres santos, señala con gran claridad y precisión los deberes tanto de los jóvenes como de los mayores. Eleva la mente, enternece el corazón, e imparte alegría y santo gozo al espíritu. La Biblia presenta una perfecta norma de carácter; es un guía infalible en todas las circunstancias, aun hasta el fin del viaje de la vida. Tomadla por vuestra consejera, como la regla de vuestra vida diaria. 2JT 96.3

Debemos aprovechar diligentemente todo medio de gracia para que el amor de Dios abunde más y más en el alma, “para que discernáis lo mejor; que seáis sinceros y sin ofensa para el día de Cristo; llenos de frutos de justicia.” Filipenses 1:10, 11. Vuestra vida cristiana debe asumir formas vigorosas y robustas. Podéis alcanzar la alta norma que se os presenta en las Escrituras, y debéis hacerlo si queréis ser hijos de Dios. No podéis permanecer quietos; debéis avanzar o retroceder. Debéis tener conocimiento espiritual, a fin de poder comprender “con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo,” para “que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” Efesios 3:18, 19. 2JT 96.4

Muchos son los que, teniendo un conocimiento inteligente de la verdad, y pudiendo defenderla con argumentos, nada hacen para la edificación del reino de Cristo. Los encontramos de vez en cuando; pero no exhiben nuevos testimonios de la experiencia personal en la vida cristiana; no relatan nuevas victorias ganadas en la guerra santa. En vez de eso, se nota en ellos mismos la misma vieja rutina, las mismas expresiones en su oración y exhortación. Sus oraciones no tienen nota nueva; no expresan mayor inteligencia en las cosas de Dios, ni fe más ferviente y viva. Las tales personas no son plantas vivas en el jardín del Señor, que se recubran de nuevo follaje, y de la grata fragancia de una vida santa. No son cristianos que crezcan. Tienen visiones y planes limitados y en ellos no hay expansión de la mente, ni valiosas adiciones a los tesoros del conocimiento cristiano. Sus facultades no han sido ejercitadas en esa dirección. No han aprendido a considerar a los hombres y las cosas como Dios los considera, y en muchos casos una simpatía no santificada ha perjudicado a las almas, y estorbado grandemente la causa de Dios. El estancamiento espiritual que prevalece es terrible. Muchos llevan una vida cristiana formal, y aseveran que sus pecados han sido perdonados, cuando están tan destituídos del verdadero conocimiento de Cristo como el pecador. 2JT 97.1

Hermanos, ¿queréis tener un crecimiento cristiano* raquítico, o queréis hacer sanos progresos en la vida divina? Donde hay salud espiritual hay crecimiento. El hijo de Dios crece hasta la plena estatura de un hombre o una mujer en Cristo. No hay límite para su mejoramiento. Cuando el amor de Dios es un principio vivo en el alma, no hay opiniones estrechas y limitadas; hay amor y fidelidad en las amonestaciones y reproches; hay obra ferviente y una disposición a llevar cargas y responsabilidades. 2JT 97.2