Joyas de los Testimonios 2

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La piedad práctica*

Basilea, Suiza, 1 de marzo de 1887.

Estimados Hermanos de Oakland,

Mi espíritu se siente impulsado a escribiros. Vez tras vez me encuentro hablándoos en mis sueños, y en cada caso estáis en dificultad. Pero venga lo que venga, no permitáis que ello debilite vuestro valor moral, ni haga degenerar vuestra religión en un formalismo en el cual no tenga parte el corazón. El amante Jesús está listo para bendeciros abundantemente; pero necesitamos obtener experiencia en la fe, en la oración ferviente, y regocijarnos en el amor de Dios. ¿Será alguno de nosotros pesado en la balanza y hallado falto? Debemos velar sobre nosotros mismos, vigilar los menores impulsos profanos de nuestra naturaleza, no sea que traicionemos las altas responsabilidades que Dios nos ha confiado como sus agentes humanos. 2JT 204.1

Debemos estudiar las amonestaciones y correcciones que dió a su pueblo en tiempos pasados. No carecemos de luz. Sabemos qué obras debemos evitar, y qué requerimientos nos ha ordenado observar; así que si no procuramos saber y hacer lo correcto, es porque el obrar mal conviene más al corazón carnal que hacer el bien. 2JT 204.2

Siempre habrá algunos sin fe, que esperarán ser llevados adelante por la fe de otros. No tienen conocimiento experimental de la verdad, y por consiguiente no han sentido su poder santificador en su propia alma. Incumbe a todo miembro de la iglesia escudriñar queda y diligentemente su propio corazón, y ver si su vida y carácter están en armonía con la gran norma de justicia divina. 2JT 204.3

El Señor ha hecho grandes cosas por vosotros en California, y particularmente en Oakland; pero hay mucho más que le agradaría hacer si hicieseis corresponder vuestras obras a vuestra fe. Dios no honra nunca la incredulidad con ricas bendiciones. Recapitulad lo que Dios ha hecho, y sabed entonces que es sólo el principio de lo que está dispuesto a hacer. 2JT 204.4