Obreros Evangélicos

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El retraimiento

Muchos ministros se ocupan incesantemente en leer y escribir, lo cual los incapacita para la obra pastoral. Consumen en estudios abstractos un tiempo valioso, que debieran dedicar a ayudar a los menesterosos en el debido momento. Algunos predicadores se han entregado a la obra de escribir durante un período de interés religioso pronunciado, y a veces estos escritos no tienen ninguna relación especial con el trabajo que tienen entre manos. En tales ocasiones, es deber del predicador dedicar toda su fuerza a fomentar el interés manifiesto. Su mente debe estar despejada y concentrada sobre el único objeto de salvar almas. Si otros temas preocupan sus pensamientos, pueden perderse para la causa muchos que podrían haber sido salvados por una instrucción oportuna. OE 352.1

Cuando les llega la tentación de retraerse, y dedicarse a leer y escribir en un tiempo en que otros deberes exigen su atención inmediata, los predicadores deben ser bastante fuertes para negarse a sí mismos y dedicarse a la obra que los confronta directamente. Esta es indudablemente una de las pruebas más duras a que pueda someterse una mente estudiosa. OE 352.2

Con frecuencia un pastor descuida vergonzosamente los deberes que le incumben, porque carece de fuerza para sacrificar sus inclinaciones personales al retraimiento y el estudio. El pastor debe visitar a sus feligreses de casa en casa, enseñando, conversando y orando con cada familia, y atendiendo al bienestar de sus almas. No debe descuidarse a los que hayan manifestado un deseo de conocer los principios de nuestra fe, sino que se los ha de instruir cabalmente en la verdad. OE 352.3

Ciertos predicadores, invitados a la casa por el jefe de familia, han pasado las pocas horas de sus visitas recluídos en una pieza aislada para satisfacer su inclinación a la lectura y a escribir. La familia que los agasajaba no sacó provecho de su visita. Los predicadores aceptaron la hospitalidad ofrecida sin retribuirla con una labor muy necesaria. OE 353.1

Es fácil alcanzar a la gente por medio del círculo social. Pero muchos predicadores temen la tarea de hacer visitas; no han cultivado las cualidades sociales ni adquirido la amabilidad que conquista corazones. OE 353.2

Los que se retraen de entre la gente no se hallan en condición de ayudarla. El médico hábil debe comprender la naturaleza de las diversas enfermedades, y tener un conocimiento cabal de la anatomía humana. Debe ser puntual para atender a los pacientes. Sabe que las demoras son peligrosas. Cuando pone su mano experta sobre el pulso de un enfermo, y nota cuidadosamente los indicios peculiares de la dolencia, su conocimiento anterior le habilita para determinar la naturaleza de la enfermedad y el tratamiento necesario para detener sus progresos. OE 353.3

Como el médico trata con la enfermedad física, así también atiende el pastor al alma enferma de pecado. Y su obra es tanto más importante que la del médico cuanto es la vida eterna más valiosa que la existencia temporal. El pastor tiene que vérselas con una interminable variedad de temperamentos; y es deber suyo llegar a conocer los miembros de las familias que escuchan sus enseñanzas, a fin de determinar qué medios ejercerán sobre ellos la mejor influencia para llevarlos en la debida dirección. OE 353.4