La Historia de la Redención

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El cruce del Jordán

Los sacerdotes debían ir al frente del pueblo y llevar el arca que contenía la ley de Dios. Y cuando sus pies tocaron los bordes del Jordán, las aguas se separaron comenzando por arriba, y los sacerdotes pasaron llevando el arca que era un símbolo de la presencia divina; y la hueste de los hebreos los siguió. Cuando los sacerdotes llegaron al medio del Jordán, se les ordenó que permanecieran en el lecho del río hasta que pasara toda la hueste de Israel. En esa ocasión la generación de israelitas que vivía en ese momento se convenció de que las aguas del Jordán estaban sometidas al mismo poder que sus padres habían visto manifestarse ante ellos en el Mar Rojo cuarenta años antes. Muchos de ellos habían pasado el Mar Rojo cuando eran niños. Ahora cruzaron el Jordán como hombres de guerra, perfectamente bien equipados para la batalla. HR 180.2

Cuando las huestes de Israel cruzaron el Jordán, Josué ordenó a los sacerdotes que salieran del río. Tan pronto como éstos, que llevaban el arca del pacto, salieron del río y estuvieron en pie en tierra seca, el Jordán comenzó a avanzar como antes y recuperó todos sus límites previos. Este maravilloso milagro llevado a cabo en favor de los israelitas aumentó grandemente su fe. Para que no fuera olvidado jamás, el Señor intimó a Josué a ordenar a hombres notables, uno de cada tribu, que sacara piedras del lecho del río, en el lugar donde los pies de los sacerdotes habían estado mientras la hueste hebrea lo cruzaba, para llevarlos sobre los hombros, y levantar un monumento en Gilgal, a fin de conservar el recuerdo del hecho de que Israel cruzó el Jordán por tierra seca. Después que los sacerdotes hubieron salido del Jordán, Dios retiró su mano poderosa y las aguas se abalanzaron como una tremenda catarata para seguir su curso. HR 181.1

Cuando todos los reyes de los amorreos y los cananeos oyeron que el Señor había detenido las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel, sus corazones se disolvieron de temor. Los israelitas habían dado muerte a dos de los reyes de Moab, y su cruce milagroso por en medio de las aguas impetuosas y arrolladoras del Jordán los llenaron de tremendo terror. Josué circuncidó entonces a toda la gente que había nacido en el desierto. Después de esta ceremonia celebraron la Pascua en las llanuras de Jericó. “Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto”. HR 181.2

Las naciones paganas habían denigrado a Jehová y a su pueblo porque los hebreos no habían poseído la tierra de Canaán que esperaban ocupar inmediatamente después de salir de Egipto. Sus enemigos triunfaron cuando ellos permanecieron peregrinando tanto tiempo en el desierto, y se envalentonaron y ensoberbecieron delante del Señor al declarar que no era capaz de llevarlos a la tierra de Canaán. Pero ahora habían cruzado en seco el Jordán, y ya sus enemigos no podían echarles nada más en cara. HR 181.3

El maná había seguido cayendo hasta ese momento; pero ahora que los israelitas estaban a punto de poseer Canaán y comer del fruto de la tierra ya no lo necesitaban más, y dejó de caer. HR 182.1