Nuestra Elevada Vocacion

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“No se irrita”, 22 de agosto

La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; no es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal. 1 Corintios 13:4, 5. NEV 242.1

Muchas personas tienen una sensibilidad aguda y no santificada que las mantiene constantemente alerta en busca de alguna palabra, alguna mirada, alguna acción que puedan considerar como una falta de respeto y aprecio. Todo esto debe vencerse. Cada uno debe proseguir adelante en el temor de Dios, haciendo lo mejor que pueda, sin ser perturbado por la alabanza ni ofendido por la censura, sirviendo a Dios fervientemente, y aprendiendo a interpretar en la forma más favorable todo lo que en los demás parezca ofensivo.—Manuscrito 24, 1887, pp. 18. NEV 242.2

Debemos esperar que circulen informes falsos acerca de nosotros; pero si seguimos una conducta correcta, si permanecemos indiferentes a estas cosas, los demás también serán indiferentes. Dejemos a Dios el cuidado de nuestra reputación. ... Por nuestra manera de vivir podemos lograr que se borre la calumnia; no la haremos desaparecer con ayuda de expresiones de indignación. Que nuestra gran ansiedad sea obrar en el temor de Dios, y demostrar mediante nuestra conducta que esos informes son falsos. Nadie puede dañar tanto nuestro carácter como nosotros mismos. Los árboles débiles y las casas ruinosas son los que necesitan ser constantemente apuntalados. Cuando nos mostramos muy ansiosos de proteger nuestra reputación contra los ataques que vienen del exterior, causamos la impresión de que no está sin culpa delante de Dios, y que por lo tanto necesita ser constantemente apoyada.—Manuscrito 24, 1887, pp. 18. NEV 242.3

No beneficia a aquellos de quienes Jesús tiene tantas cosas que soportar, en sus defectos y perversidad, estar siempre preocupados de los desaires y de las ofensas reales o imaginarios. El corazón que está lleno de ese amor y no piensa el mal, no andará procurando descubrir descortesías y ofensas de las cuales pueda ser el objeto. La voluntad de Dios es que su amor cierre los ojos, los oídos y el corazón a todas las provocaciones y a todas las sugestiones con las cuales Satanás quiere llenarlos. Hay una noble majestad en el silencio de aquel que es expuesto a las malas conjeturas o al ultraje. Ser el amo del espíritu de uno mismo es ser más fuerte que reyes o conquistadores.—Manuscrito 24, 1887, pp. 24, 25. NEV 242.4