El Ministerio de Curación

81/183

El aseo

Así también, si una casa amenazaba ruina, había que demolerla. El sacerdote “derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, y sus maderos, y toda la mezcla de la casa, y lo sacará fuera de la ciudad a lugar inmundo. Y cualquiera que entrare en aquella casa todos los días que la mandó cerrar, será inmundo hasta la tarde. Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa, lavará sus vestidos.” Levítico 14:45-47. MC 212.3

En forma impresionante se recalcó cuán necesario era el aseo personal. Antes de reunirse al pie del Sinaí para escuchar la proclamación de la ley por la voz de Dios, el pueblo hubo de lavar sus personas y ropas. La violación de esta orden debía castigarse con la pena de muerte. Ninguna impureza podía tolerarse en presencia de Dios. MC 212.4

Durante su estada en el desierto, los israelitas vivieron casi siempre al aire libre, donde las impurezas tenían efecto menos dañino que entre los que viven en casas cerradas. Pero la más estricta atención a la limpieza se exigía dentro y fuera de las tiendas. No se toleraba ningún desecho dentro o fuera del campamento. El Señor había dicho: MC 213.1

“Jehová tu Dios anda por medio de tu campo, para librarte y entregar tus enemigos delante de ti; por tanto será tu real santo.” Deuteronomio 23:14. MC 213.2