Cristo Nuestro Salvador

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El hogar de los salvados

El día de la venida de Cristo acarrea la destrucción sólo para los malvados. Es un día de redención, no sólo para el pueblo de Dios sino para la tierra. CNS 171.1

Dios creó la tierra para que fuera morada del hombre. En ella Adán vivió en aquel huerto delicioso que el Creador mismo había embellecido. Por más que el pecado haya envilecido la obra de Dios, no obstante la familia humana no ha sido abandonada por su Creador, ni ha olvidado éste el propósito que abrigaba para la tierra. CNS 171.2

A esta tierra han venido ángeles con el mensaje de redención, y por los collados y los valles han repercutido los cantos de regocijo de aquéllos. Los pies del Hijo de Dios pisaron el suelo de la tierra. Por espacio de más de seis mil años la tierra con sus bellezas y sus dones para la subsistencia han dado testimonio del amor del Creador. CNS 171.3

Esta misma tierra, libertada del peso de la maldición del pecado, ha de ser la patria eterna del hombre. De la tierra dicen las Escrituras que Dios “no en vano la creó, sino que para ser habitada la formó.”* Isaías 45:18. Y “cuanto hace Dios es lo que para siempre será.” Eclesiastés 3:14. CNS 171.4

En el sermón del monte dijo el Salvador: “Bienaventurados los mansos; porque ellos heredarán la tierra.” Mateo 5:5. CNS 172.1

Mucho antes había escrito el salmista: “Los mansos heredarán la tierra, y se deleitarán en la abundancia de la paz.” Salmos 37:11. CNS 172.2

Otro tanto se dice en Proverbios 11:31 y Salmos 37:29: “El justo será recompensado en la tierra.” “Los justos heredarán la tierra, y habitarán para siempre en ella.” CNS 172.3

Los fuegos del último día han de destruír “los cielos de ahora y la tierra;” pero han de surgir “nuevos cielos y una tierra nueva.” 2 Pedro 3:7, 13. Los cielos y la tierra serán renovados. CNS 172.4

“Cosas que ojo no vió, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano-las cosas grandes que ha preparado Dios para los que le aman.” 1 Corintios 2:9. CNS 172.5

No hay lenguaje humano que pueda describir a la perfección la recompensa de los justos. Esta no ha de ser conocida sino de aquellos que la contemplarán. No podemos comprender la gloria del Paraíso de Dios. CNS 172.6

No obstante ya ahora podemos vislumbrarla, pues “a nosotros nos las ha revelado Dios por medio de su Espíritu.” 1 Corintios 2:10. Preciosas para nuestros corazones son las descripciones que de esta tierra nueva nos da la Biblia. CNS 172.7

Allí el Pastor celestial guía su rebaño por corrientes de aguas vivas. El árbol de la vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para sanidad de las naciones. CNS 172.8

Hay allí ríos de corriente eterna, claros como el cristal, y junto a ellos árboles frondosos esparcen su sombra sobre las sendas preparadas para los redimidos del Señor. Allí las dilatadas llanuras se adornan con bellos collados y las montañas de Dios alzan sus cumbres. En aquellos llanos apacibles, junto a aquellas corrientes de aguas vivas, el pueblo de Dios, por tanto tiempo peregrino y advenedizo, encontrará morada. CNS 173.1

“Mi pueblo habitará en mansión de paz, en moradas seguras, en descansaderos tranquilos.” “No se oirá más la violencia en tu tierra, la desolación ni la destrucción dentro de tus términos; sino que llamarás a tus muros Salvación, y a tus puertas Alabanza.” Isaías 32:18; 60:18. CNS 173.2

“Edificarán casas también, y habitarán en ellas; plantarán viñas, y comerán su fruto. No edificarán más para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; ...mis escogidos agotarán el usufructo de la obra de sus manos.” Isaías 65:21, 22. CNS 173.3

“Empero se alegrarán el desierto y el sequedal, y el yermo se regocijará y florecerá como la rosa.” “En vez del espino subirá el abeto, y en lugar de la zarza subirá el arrayán.” Isaías 35:1; 55:13. CNS 173.4

“Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo sesteará junto con el cabrito; ...y un niñito los conducirá.” “No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte,” dice el Señor. Isaías 11:6, 9. CNS 173.5

Allí no habrá más lágrimas, ni cortejos fúnebres, ni símbolos de duelo. “La muerte no será más; ni habrá más gemido, ni clamor, ni dolor; porque las cosas de antes han pasado ya.” “No dirá más el habitante: Estoy enfermo; al pueblo que mora en ella le habrá sido perdonada su iniquidad.” Apocalipsis 21:4; Isaías 33:24. CNS 173.6

Allí está la nueva Jerusalén, capital de la nueva tierra glorificada, “una corona de hermosura en la mano de Jehová, y una diadema real en la mano de nuestro Dios.” Su luz es “semejante a una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, transparente como el cristal.” “Las naciones andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traen a ella su gloria.” Isaías 62:3; Apocalipsis 21:11, 24. CNS 174.1

Dice el Señor: “Me regocijaré en Jerusalem, y gozaréme en mi pueblo.” “¡He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos, y ellos serán pueblos suyos, y el mismo Dios con ellos estará, como Dios suyo!” Isaías 65:19; Apocalipsis 21:3. CNS 174.2

En la tierra hecha nueva no habitará más que la justicia. “No entrará jamás en ella ninguna cosa inmunda, ni quien haga abominación, o diga mentira.” Apocalipsis 21:27. CNS 174.3

La santa ley de Dios será acatada por todos los que vivan debajo del sol. Los que se hayan demostrado fieles a Dios guardando sus mandamientos, vivirán con él. CNS 174.4

“En su boca no fué hallada mentira.” “Estos son los que salen de la grande tribulación, y lavaron sus ropas, y las emblanquecieron en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo.” Apocalipsis 14:5; 7:14, 15. CNS 174.5

En la ciudad de Dios “no habrá ya más noche.” La luz del sol será substituída por un destello que no herirá la vista, pero que será no obstante infinitamente más brillante que el del sol de mediodía. La gloria de Dios y del Cordero inundará la santa ciudad con luz inmarcesible. Los redimidos andarán en la gloria sin sol de un día sempiterno. CNS 174.6

Allí los redimidos conocerán así como son conocidos. Los afectos y simpatías que Dios mismo implantó en el alma encontrarán allí su objeto más verdadero y más dulce. Sus espíritus inmortales contemplarán con deleite sin mengua las maravillas del poder creador, los misterios del amor redentor. Allí no habrá enemigo cruel ni engañador que induzca al olvido de Dios. Todas las facultades se desarrollarán y podrá crecer toda capacidad. CNS 175.1

Todos los tesoros del universo se ofrecerán al estudio de los redimidos de Dios. Libres de toda traba encumbran el vuelo por mundos infinitos. Con deleite indecible los hijos de la tierra entran en el gozo y en la sabiduría propios de seres que jamás cayeron. Con visión jamás ofuscada contemplan la gloria de la creación, de soles, estrellas y sistemas, que giran todos en su orden señalado en derredor del trono de la divinidad. CNS 175.2

Sobre todas las cosas, desde las más pequeñas hasta las mayores, el nombre del Creador está escrito, y en ellas las riquezas del poder de Dios se despliegan en toda su gloria. CNS 175.3