Consejos para los Maestros

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Fuerza en la oración

Asediado diariamente por la tentación, constantemente frente a la oposición de los dirigentes del pueblo, Cristo sabía que debía fortalecer su humanidad por la oración. A fin de ser una bendición para los hombres, debía estar en comunión con Dios, rogando por energía, perseverancia y firmeza. Así demostró a sus discípulos dónde se hallaba su fuerza. Sin esta comunión diaria con Dios, ningún ser humano puede recibir poder para servir. Cristo solo puede dirigir correctamente los pensamientos. El solo puede dar nobles aspiraciones y amoldar el carácter de acuerdo con la semejanza divina. Si nos acercamos a él en oración ferviente, llenará nuestro corazón de propósitos elevados y santos, y con hondos anhelos de pureza y justicia. Los peligros que se acumulan en derredor nuestro, exigen que los que tienen experiencia en las cosas de Dios ejerzan una vigilante supervisión. Los que anden humildemente delante de Dios, desconfiando de su propia sabiduría, comprenderán su peligro y conocerán el cuidado custodio de Dios. CM 307.1

Lo que mucho necesitamos es el poder de una vida más elevada, más pura y más noble. El mundo está observando para ver qué frutos llevan los que profesan ser cristianos. Tiene derecho a esperar abnegación y sacrificio de los que creen en la verdad avanzada. Está observando, listo para criticar aguda y severamente nuestras palabras y acciones. Cada persona que desempeñe una parte en la obra de Dios, es pesada en las balanzas del discernimiento humano. En la mente de todos aquellos con quienes debemos tratar, se están haciendo constantemente impresiones favorables o no de la religión de la Biblia. CM 307.2

Y Dios y los ángeles están observando. El desea que sus hijos demuestren por su vida la ventaja que sobre la mundanalidad tiene el cristianismo; que demuestren que están trabajando en un plano elevado y santo. El anhela verlos manifestar que la verdad recibida los ha hecho hijos del Rey celestial. Anhela hacerlos conductos por los cuales pueda derramar su ilimitado amor y misericordia. CM 307.3

Cristo está aguardando con deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo se reproduzca perfectamente en su pueblo, entonces vendrá a buscar a los suyos. Es privilegio de todo cristiano, no solamente esperar la venida de nuestro Señor, sino también apresurarla. Si todos los que profesan su nombre estuviesen llevando frutos para su gloria, ¡cuán prestamente se sembrarían en todo el mundo las semillas del Evangelio! ¡Con cuánta presteza maduraría la última gran mies, y vendría Cristo! CM 308.1