Consejos para los Maestros

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El debido uso del don del habla

El que trabaja para Dios debe hacer esfuerzos fervientes para llegar a ser representante de Cristo, descartando todos los ademanes inconvenientes y el lenguaje tosco. Debe esforzarse por usar un lenguaje correcto. Hay una clase numerosa que manifiesta descuido en su manera de hablar, cuando por atención cuidadosa y esmerada, podrían llegar a ser representantes de la verdad. Cada día tienen que progresar. No debieran cercenar su utilidad e influencia albergando defectos en sus modales, tono o lenguaje. Las expresiones comunes y triviales deben reemplazarse por palabras correctas y puras. Por constante vigilancia y disciplina ferviente, los jóvenes cristianos pueden guardar su lengua del mal y sus labios de pronunciar engaño. CM 226.2

Debemos ser cuidadosos en no pronunciar incorrectamente nuestras palabras. Hay entre nosotros, hombres que en teoría saben evitar el uso de lenguaje incorrecto, pero que en la práctica cometen frecuentes errores. El Señor quiere que seamos cuidadosos en hacer lo mejor posible, usando sabiamente nuestras facultades y oportunidades. Ha concedido a los hombres dones que pueden bendecir y edificar a otros; es pues nuestro deber educarnos de tal manera que seamos idóneos para la gran obra que se nos ha confiado... CM 226.3

Al leer o recitar, la pronunciación debe ser clara. Un tono nasal o una actitud desgarbada debe corregirse en seguida. Toda falta de claridad debe señalarse como deficiencia. Muchos se han permitido adquirir la costumbre de hablar de una manera indistinta, como si su lengua fuera demasiado grande para su boca. Este hábito ha trabado grandemente su utilidad. CM 227.1

Los que tienen esos defectos de pronunciación podrían vencerlos si se sometieran a las críticas y a la corrección. Deben practicar con perseverancia el hablar en tono bajo y distinto, ejercitando los músculos abdominales en la respiración profunda, y haciendo de la garganta el conducto de comunicación. Muchos hablan rápidamente, y en un tono alto que no es natural. Esta práctica perjudicará la garganta y los pulmones. Como resultado del continuo maltrato, los órganos débiles e inflamados enfermarán y ello puede resultar en consunción. CM 227.2