Manuscritos Inéditos Tomo 2 (Contiene los manuscritos 97-161)

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Manuscrito 114—La crianza de los niños en Takoma Park Quiénes merecen la salvación El destino de los niños fallecidos

La primera obligación del pastor es proteger y enseñar a sus hijos, cuidar del pequeño jardín que Dios le ha concedido. Cuando usted eduque e instruya a esos niños, entonces habrá realizado una labor que Dios ha de bendecir.— Manuscrito 13, 1886, 4 («The Christian Brotherhood” [La hermandad cristiana], 22 de septiembre de 1886). 2MI 135.1

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Estamos gratamente ubicados en Takoma Park. Caminando llegamos en quince minutos a las casas de los herma nos Daniells, Prescott, Washburn, Spicer, Bristol, Rogers, Needham, Cady y de algunos otros relacionados con nuestra obra. 2MI 135.2

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Solicitado por A. O. Dart para publicarlo en la revista Ministry..

Solicitado por Leslie Hardinge, obrero en el Washington Missionary College.

Se están abriendo rápidamente las puertas para comenzar nuestra labor. Me siento muy agradecida por esto. Cuando contemplo la si tuación y las perspectivas en este lugar, me lleno de esperanzas y de ánimo. Tenemos que esforzarnos y aprovechar las condiciones favorables que se nos presentan, hemos de continuar haciendo nuestra labor lo más rápido posible. 2MI 136.1

El lugar que se ha conseguido para nuestra escuela y sanatorio es muy apropiado. El terreno se parece a lo que me presentó el Señor. Se adapta bien al objetivo trazado. Hay lugar para levantar una escuela y un sanatorio, sin que ninguna de las dos instituciones esté limitada por causa del espacio. El ambiente es puro, así como el agua. Un hermoso arroyo corre por en medio del terreno, de norte a sur. Este arroyo es un tesoro más valioso que el oro o la plata. El lugar para los edificios está en una bella colina, y posee un buen drenaje. 2MI 136.2

Un día hicimos un largo recorrido por Takoma Park. Gran parte del lugar es un bosque natural. Las casas no son pequeñas ni están apiñadas, sino que son amplias y cómodas. Están rodeadas de una gran cantidad de retoños de pinos, de robles, de arces y de otros hermosos árboles. 2MI 136.3

Los propietarios de esas casas son en su mayoría hombres de negocios, y muchos de ellos trabajan en oficinas del gobierno en Washington. Acuden a la ciudad a diario, y regresan en la noche a sus tranquilos hogares. 2MI 136.4

Se ha escogido una buena ubicación para la imprenta, ha quedado bien cerca del correo. También se ha escogido el lugar para la iglesia. Es como si Takoma Park hubiera sido preparado especialmente para nosotros, y que había estado esperando para ser ocupado por nuestras instituciones y por sus obreros. 2MI 136.5

Mis expectativas respecto a este lugar son altas. Desde allí, los alre dedores de Washington serán alcanzados. Me siento agradecida de que nuestra obra sea establecida en dicho lugar. Si Cristo estuviera presente, diría: «Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” [Juan 4: 35]. — Carta 153, 1904, pp. 1, 2 (a «Dear Fellow Workers” [Los estimados colegas obreros], 10 de mayo de 1904). 2MI 136.6

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Estuve conversando con el pastor Matteson con relación a si los hijos de los padres no creyentes se salvarían. Mencioné que una hermana me preguntó eso mismo con gran preocupación, afirmando que alguien 2MI 136.7

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Solicitado por Arthur L. White para su publicación, ya que puede contestar algunas preguntas que con frecuencia se le dirigen al Patrimonio White. le había dicho que los niños de los no creyentes no serían salvos. Esta es una de las preguntas que no estamos en libertad contestar, ni suponer ni expresar opinión alguna, por la sencilla razón de que Dios en su Palabra no nos ha hablado en forma definitiva respecto a dicho tema. Si él hubiera considerado que era necesario que conociéramos esto, nos lo habría dicho claramente.

Lo que él ha revelado es para nosotros y para nuestros hijos. Hay cosas que ahora no entendemos. Tampoco comprendemos muchas co sas que han sido reveladas con claridad. Cuando hayan sido agotados los temas estrechamente relacionados con nuestra salvación, entonces habrá tiempo suficiente para considerar algunos puntos que crean una innecesaria incertidumbre en algunos de nosotros. 2MI 137.1

Los hijos de padres creyentes. Sé que algunos han preguntado si los niños pequeños, hijos de padres creyentes serán salvados, ya que sus caracteres no han sido probados, y es necesario que todos sean examinados y que su carácter sea aprobado. La pregunta surge: «¿Cómo puede un niño pequeño ser sometido a dicha prueba?». Mi respuesta es que la fe de los padres creyentes ampara a los niños, como sucedió cuando Dios castigó a los primogénitos de Egipto. 2MI 137.2

Las instrucciones de Dios fueron dadas a los esclavos israelitas, di ciéndoles que reunieran a sus hijos en sus casas y que marcaran los dinteles con la sangre del cordero pascual, que era un símbolo del sacrificio del Hijo de Dios y de la eficacia de su sangre derramada por la salvación del pecador. Era una señal de que aquella familia aceptaba a Cristo como el redentor prometido. Representaba un escudo en contra del poder del enemigo. Los padres daban muestra de su fe al obedecer sin reparos las instrucciones que se les dieron, y la fe de esos padres los amparó a ellos y a sus hijos. Mostraron su fe en Jesús, el gran sacrificio, cuya sangre estaba representada por el sacrificio del cordero. El ángel destructor pasó de largo donde estuviera esa señal. Este ejemplo demuestra que la fe de los padres se extiende a sus hijos y los protege del ángel destructor. 2MI 137.3

Dios envió una palabra de consuelo a las angustiadas madres de Belén, diciéndoles que Raquel vería a sus hijos regresar de la tierra del enemigo. Cristo tomó a los niños en sus brazos y los bendijo, reprendiendo a los discípulos por desear despedirlos junto con sus madres: «Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos» [Mat. 19: 14]. Cristo bendijo a los niños que le trajeron esas madres fieles. Él hará eso mismo si las madres cumplen con su deber respecto a sus hijos y les enseñan y los educan para que sean obedientes y sumisos. Más adelante ellos pasarán la prueba y obedecerán la voluntad de Dios, ya que los padres ocupan el lugar de Dios ante sus hijos. 2MI 137.4

Algunos padres permiten que Satanás controle a sus hijos, no refrenándolos sino permitiendo que tengan temperamentos malvados, que sean violentos, egoístas y desobedientes. Si esos niños mueren, ciertamente no serán llevados al cielo. Las acciones de los padres determinarán el destino final de sus hijos. Si los padres les permiten ser desobedientes y violentos estarán permitiendo que Satanás les domine y obre a través de ellos según le plazca a su diabólica majestad. Esos niños jamás aprenderán a obedecer ni desarrollarán hermosos rasgos de carácter: no serán llevados al cielo, ya que el mismo carácter e inclinación se revelarían allá en ellos. 2MI 138.1

Le dije al hermano Matteson que no podíamos afirmar que los hijos de los no creyentes serían salvados, ya que Dios no ha revelado sus pla nes al respecto. Por tanto, es mejor que dejemos este asunto en manos de Dios, y nos dediquemos a otros temas revelados en su Palabra. 2MI 138.2

Este es un tema muy delicado. Muchos padres no creyentes educan a sus hijos con más sabiduría que otros que afirman ser hijos de Dios. No les preocupan que sus hijos sean bondadosos, corteses, desprendi dos. No los enseñan a obedecer, y en esto los incrédulos demuestran más sabiduría que los que tienen una mayor luz, pero cuyas obras no se corresponden, en forma alguna, con su fe. 2MI 138.3

Otra interrogante sobre la que conversamos estaba relacionada con los elegidos de Dios: si el Señor ha establecido un número definido, y si cuando esa cifra se alcance entonces cesará la gracia. Respecto a esas preguntas ni usted ni yo tenemos derecho a opinar. El Señor Jesús recibirá a todos los que acudan a él. Él murió por los que no tienen a Dios y todo el que desee acudir a él puede hacerlo. El ser humano tiene que cumplir con algunas condiciones, y si rehúsa ajustarse a ellas no podrá ser uno de los elegidos de Dios. Si él las cumple será considerado un hijo de Dios. Cristo dice que no borrará su nombre del libro de la vida si esa persona continúa obedeciendo con fidelidad y firmeza, y que además confesará su nombre ante su Padre y ante sus ángeles. Dios desea que pensemos, hablemos y presentemos ante los demás, las verdades que están claramente reveladas; y que no tengamos nada que ver con esos temas o especulaciones, porque no tienen nada que ver con la salvación de nuestras almas. — Manuscrito 26, 1885, 1013 («First Visit to Sweden» [Primera visita a Suecia], Diario, 15 al 30 de octubre de 1885). 2MI 138.4

Patrimonio White,

26 de octubre de 1959

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El Manuscrito 115 contiene materiales publicados en la tesis de Horace Shaw