Manuscritos Inéditos Tomo 2 (Contiene los manuscritos 97-161)

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Manuscrito 154 —El propósito de la genuina educación La inspiradora geología de Europa Los mártires serán resucitados

En los proyectos educativos, como en muchos otros, los objetivos egoístas y terrenales representan un peligro para el alma. En el terreno didáctico se proponen muchas ideas que no provienen «del Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo” [Isa. 57: 15], sino de quienes hacen un ídolo de la erudición y adoran una ciencia que separa a Dios del ámbito educativo. Ahora bien, debido a que esos errores están revestidos de un atractivo ropaje, son ampliamente aceptados. Las mentes de muchos no están conectadas de modo suficientemente íntimo con el Señor como para que puedan distinguir entre lo santo y lo profano, entre lo sagrado y lo común. 2MI 287.1

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Solicitado para utilizarlo en la revista The Journal of True Education.

Es apropiado adquirir conocimientos científicos. Pero la erudición es el anhelo de un numeroso grupo de personas no consagradas, que no tienen idea del uso que darán a lo que han logrado. El mundo está lleno de hombres y mujeres que no se muestran agradecidos a Dios por los dones que les han sido confiados. No reconocen que Dios les ha entregado talentos, no para la gloria de ellos, sino para la gloria de él; sino que buscan ser aplaudidos. El propósito de sus vidas es ocupar el puesto más elevado. No hacen uso de sus privilegios para llevar a sus prójimos a Cristo. No ayudan a los demás a estudiar la vida y el carácter de Jesús. No los ponen en contacto con la vida divina, ni los inspiran con celo para compartir la luz de la verdad. 2MI 288.1

Hay quienes Dios les ha concedido talentos muy superiores a los comunes. Son pensadores juiciosos, metódicos y rebosantes de vitalidad. Muchos de ellos, no obstante, están empeñados en alcanzar sus propios fines egoístas, sin tomar en cuenta la honra y la gloria de Dios. Algunos de ellos han conocido la luz de la verdad, pero se han alejado de la verdad de la Biblia para caer en el escepticismo y en la incredulidad, debido que se han exaltado a sí mismos y a que no colocaron a Dios como lo primero, lo último y lo mejor en todo. 2MI 288.2

Cuando esas personas son zarandeadas por la disciplina de Dios, y mediante la aflicción son llevados a preguntar por las sendas antiguas, la niebla del escepticismo se aleja de sus mentes. Algunas se arrepienten, regresan al primer amor y colocan sus pies en la senda trazada para que por ella transiten los redimidos del Señor. Dejan de ser motivadas por el amor al dinero o por ambiciones egoístas. El Espíritu de Dios que obra en los corazones, es más altamente estimado por esas personas que el oro o las alabanzas ajenas. Cuando este sorprendente cambio ocurre, los pensamientos son dirigidos por el Espíritu de Dios hacia nuevos canales, el carácter es transformado y las aspiraciones individuales se elevan hacia lo más excelso. 2MI 288.3

La verdadera religión tiene poder hoy día. Permite que los seres humanos venzan la porfiada influencia del orgullo, del egoísmo y de la incredulidad; para revelar una conexión viva con el cielo, en la sencillez de la genuina santidad. La gracia que Cristo imparte hace posible que los seres humanos se eleven por encima de las siempre inoportunas tentaciones de Satanás. La gracia divina los llevará a la cruz de Jesús como activos, devotos y leales servidores dedicados al progreso de las verdades celestiales. 2MI 288.4

La fidelidad a Dios ha señalado a los héroes de la fe a través de las edades. La luz de ellos ha brillado en la medida que han sido presentados ante el mundo en forma conspicua. Su obediencia al mandato de Cristo: «Id” [Mat. 28: 19], ha llevado a muchos a glorificar a Dios. 2MI 289.1

En la actualidad existen héroes morales: hombres y mujeres que viven vidas nobles, de negación propia. No ambicionan la fama del mundo, su voluntad está subordinada a la voluntad de Dios, el amor de Dios inspira su ministerio, su principal objetivo es hacer el bien y salvar almas. Han adquirido un genuino conocimiento, sobre todo aquel conocimiento mencionado por Cristo: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” [Juan 17: 3].— Manuscrito 51, 1900, 13 («Knowledge, Spurious and Genuine” [Conocimientos espurios y genuinos], s. f.). 2MI 289.2

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Las palabras del orador, llevando a la sana doctrina a un contacto real con los oyentes, redundarán en la salvación de almas.— Carta 4, 1910, p. 2 (a D. H. Kress, 13 de enero de 1910). 2MI 289.3

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¡Qué espectáculo cuando los muertos salgan de sus tumbas en medio de estos valles valdenses! — Manuscrito 62, 1886, p. 32 (diario personal, 29 de abril de 1886). 2MI 289.4

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27 de abril. Disfrutamos de otra hermosa mañana. Los Alpes cubiertos de nieve se ven bellísimos con el sol que los ilumina. El hermano Bourdeau, el hermano Geymet, William C. White y su esposa, y yo; comenzamos a ascender por las montañas hacia Angrogna, unos a pie y otros en coche. Fuimos subiendo y subiendo. Disponíamos de un fornido caballo y un coche, pero durante la mayor parte del camino yo fui la única que viajé en el coche. El paisaje tiene la vista más impactante de todas las que hasta la fecha hemos contemplado. Se parece mucho a Colorado, por sus agrestes y rocosas montañas, precipicios, cañadas, arroyos allá en lo hondo, y angostísimos valles. Estas montañas de una gran elevación, están cultivadas hasta la misma 2MI 289.5

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Solicitado para un artículo de la revista Ministry.

Material solicitado por Ethel Young para utilizarlo en libros de texto. Libros básicos de lectura para el sexto curso, primer trimestre.

Solicitado para una guía para maestros. cima. Las viviendas son como nidos pegados a las laderas, y las casas están construidas en las cumbres de las montañas. Hay tres aldeas en esta zona montañosa.

Estas aldeas estuvieron habitadas en el pasado por los valdenses. Pero los católicos vinieron desde Milán y Turin, dos ciudades muy católicas, y persiguieron a los valdenses. La aldea en la que estamos ahora fue incendiada varias veces. Sus habitantes fueron sacados de sus hogares y de los edificios en llamas, rodeados por sus crueles perseguidores y despeñados desde un elevado precipicio. Dejamos el coche y caminamos hasta el mismo lugar desde donde aquellas infelices gentes fueron obligadas a saltar. Es un hermoso lote de terreno, nivelado y cubierto de pasto; allí podrían congregarse cientos e incluso miles de personas. Me dije que aquel sería un precioso lugar para una reunión al aire libre. Aquí una gran congregación podría reunirse para escuchar la verdad. 2MI 290.1

Un valdense de respetable apariencia, de unos setenta* años de edad, estaba trabajando en el campo. Nos brindó información respecto a los acontecimientos del pasado, mencionados en los registros históricos. Nos llevó por el borde de aquel atractivo y verde terreno y luego nos asomamos a un abrupto y profundo precipicio, de cientos de pies**de profundidad. Desde allí fueron despeñados aquellos infelices. Debido a que eran pocos en número, no hubo forma de que escaparan. Fueron arrojados desde aquella cumbre sobre las afiladas rocas que eran parte de la ladera del precipicio para caer al profundo barranco. El único motivo fue que no aceptaron la fe católica, estableciendo sus hogares en aquellas apartadas montañas con el fin de escapar de sus perseguidores y para adorar a Dios de acuerdo con los dictados de su conciencia. Miles encontraron sus tumbas en los barrancos al fondo de aquel precipicio.— Manuscrito 55, 1886, 9, 10 («Visit to Bobbio, Italy” [Visita a Bobbio, Italia], 25 de abril de 1886). 2MI 290.2

Era algo grandioso e impresionante. Había lagos y desfiladeros; rocas descollantes, algunas de imponente apariencia; las cumbres de varias montañas se erguían sobre otros picos; algunos de ellas engalanados con árboles, otras cultivadas hasta arriba del todo. El sendero que llevaba hasta esas cumbres era zigzagueante. No entendíamos cómo habían podido construir sus casas, sembrar huertos y vivir en aquellas alturas. Las capillas fueron edificadas en las elevadas montañas y las aldeas anidadas en los desfiladeros. 2MI 290.3

Contemplar aquellas montañas, y sus impresionantes enormes rocas de todo tipo y descomunal tamaño; nos llevó a pensar en el Creador de una manera profunda y solemne. Aquellas eran sus obras, evidencias de su inmenso poder. El afirmó los montes, ciñéndolos con su poder, y únicamente el brazo de Dios puede moverlos de su lugar. Erguidos ante nosotros en su grandeza, ellos apuntan al cielo, a la majestad divina, diciéndonos: «Dios es inmutable», «en el cual no hay mudanza ni sombra de variación”. [Sant. 1: 17]. Su ley fue proclamada desde el monte Sinaí en medio de relámpagos, truenos y nubes que velaban su inconmensurable majestad y gloria. El proclamó su santa ley con una voz como de trompeta. Los rayos centelleaban y los truenos resonaban, sacudiendo la vieja y colosal montaña desde su cima hasta el mismo pie. Estamos llenos de admiración. Nos complace contemplar la grandeza de las obras de Dios, y de ello jamás nos cansamos. Aquí hay una cadena montañosa que se extiende a lo largo del continente [europeo], una encima de la otra como una masiva e irregular pared que alcanza incluso por encima de las nubes. Ese mismo Dios que mantiene los montes en su lugar, nos ha dado promesas que son más inmutables que esas mismas antiguas montañas. La Palabra de Dios permanece generación tras generación. [...] 2MI 291.1

Estas montañas son para mí algo significativo. Los fuegos subterráneos, aunque ocultos en ellas, continúan ardiendo. Cuando los impíos hayan llenado su copa de iniquidad, el Señor se levantará de su lugar para castigar a los habitantes de la tierra. Él mostrará la grandeza de su poder. El Supremo Gobernante del universo revelará a los hombres que han anulado su ley, que su autoridad ha de ser respetada. No faltarán todas las aguas del océano, ni los fuegos que el Señor encenderá. Un terremoto hace que la tierra tiemble, las rocas se desprenden, las colinas y la tierra firme se sacuden bajo la pisada del Omnipotente, luego hará que tiemblen una vez más, no tan solo la tierra sino también los cielos. Hay todo un mar de fuego debajo de nuestros pies. Hay un homo de fuego en estas viejas montañas rocosas. La montaña, vomitando fuego, nos dice que el poderoso homo está encendido, esperando la orden divina para envolver la tierra en llamas. ¿No sentiremos temor y temblor ante su presencia?.— Manuscrito 29, 1885, pp. 917 (diario personal, «First Visit to Italy” [Primera visita a Italia], 26 de noviembre al 15 de diciembre de 1885). 2MI 291.2

15 de abril de 1886. Yo creía que hubiera nada que pudiera superar la grandeza de las montañas de Colorado, pero podemos ver algo que tan increíblemente majestuoso que despierta en nosotros un sentido de reverencia hacia Dios. Nos parece contemplar en sus obras maravillosas su majestad y poder. El variado paisaje de las gigantescas montañas y las rocosas elevaciones; los profundos cañones con sus raudas y cantarinas corrientes de agua que bajan de las alturas; los numerosos torrentes que descienden impetuosos desde las cimas de las montañas; las aguas que se pulverizan al chocar con las rocas, lanzando un rocío como un velo; todo contribuye a este escenario de inigualable belleza y grandeza. 2MI 292.1

Las montañas encierran las bendiciones de Dios. He visto a gente considerar la majestad de las montañas como si no fuera más que una aberración de la naturaleza. Suspiraban diciendo: «¡Qué inutilidad! Prefiero las llanuras, las grandes praderas, para darme por satisfecho». Las montañas contienen tesoros de bendiciones que el Creador derrama sobre los habitantes de la tierra. La diversidad en la superficie de la tierra en montañas, llanuras y valles es lo que revela la sabiduría y el poder del gran Maestro y Obrero. Hay quienes, para tener una amplia llanura eliminarían de nuestra tierra las rocas y las montañas, las agrestes quebradas, y los cantarines y rápidos arroyos; los precipicios, y las sorprendentes formaciones de la naturaleza. Sus sentidos, sin embargo, están demasiado adormecidos como para percibir la majestad de Dios. Sus pensamientos viven encajonados en su estrechez mental. 2MI 292.2

Dios, el gran arquitecto, ha levantado estas majestuosas montañas, y su influencia en el clima es una bendición para nuestro mundo. Consiguen de las nubes una enriquecedora humedad. Las cadenas montañosas son los grandes reservorios divinos para suministrar agua a los océanos. Son las fuentes de los manantiales, corrientes y arroyos, así como de los ríos. Ellas reciben en forma de nieve y de lluvia, los vapores que saturan la atmósfera, para compartirlos con las secas llanuras de allá abajo. Deberíamos considerar las irregulares montañas de la tierra como las fuentes divinas de bendiciones, desde donde fluyen las aguas para suplir a toda criatura viviente. Cada vez que contemplo las montañas me siento agradecida de Dios, mi corazón se eleva en alabanzas hacia Aquel que conoce nuestras necesidades y nuestras carencias. Si la tierra hubiera tenido un mismo nivel, habría muchos pantanos insalubres. [...] 2MI 292.3

29 de abril de 1886. En la irregular superficie de la tierra, podemos identificar evidencias del diluvio. Los seres humanos creyeron ser más sabios que Dios, demasiado sabios como para obedecer su ley, guardar sus mandamientos y obedecer los estatutos y preceptos de Jehová. Las riquezas de la tierra que Dios les ha entregado, no los han llevado a la obediencia, sino a apartarse de ella, debido al mal uso que han dado a los favores del cielo, hacienda de las bendiciones motivos para apartarse de Dios. Debido a que adquirieron una naturaleza satánica, en lugar de una divina, el Señor envió el diluvio sobre el mundo antiguo, y las aguas del abismo irrumpieron. 2MI 293.1

Arcilla, limo y conchas que Dios había esparcido en el fondo de los mares, fueron levantados, lanzados de acá para allá. Oleadas de fuego y agua, terremotos y volcanes enterraron los ricos tesoros de oro, plata piedras preciosas, colocándolos fuera de la vista y del al cance de los seres humanos. Ricos tesoros están ocultos en los montes. Hay enseñanzas que podemos aprender del libro de la naturaleza. 2MI 293.2

Mientras hablamos libremente de otros países, ¿por qué somos parcos respecto a nuestro hogar celestial, y a la casa no construida por manos humanas que se encuentra en la eternidad del cielo? Ese país celestial es más importante para nosotros que cualquier otra ciudad o nación del planeta; por tanto, deberíamos pensar y hablar de este mejor y celestial país. ¿Por qué no conversar con entusiasmo, y centrándonos en el cielo, respecto a los dones de Dios presentes en la naturaleza? Dios ha hecho todo eso y lo ha diseñado para que podamos verlo a él en su creación. Todo ello tiene el propósito de mantener a Dios en nuestro pensamiento, así como elevar nuestros corazones de lo material, atándolas con lazos de amor y gratitud por nuestro Creador. 2MI 293.3

Vemos en la desdibujada faz de la naturaleza, en las hendidas rocas, en las montañas y precipicios, algo que nos dice que se les hizo un gran daño, que la humanidad ha abusado de los dones de Dios, que se ha olvidado del Creador, que el Señor ha sido agraviado, que ha castigado a los malvados transgresores de su ley, y como consecuencia observamos los resultados en la naturaleza. Las tormentas rugen con violencia destructora. Hay fuerzas que afectan a las personas, a los animales y a los bienes. Debido a que la humanidad continúa violando la ley de Dios, el Señor retira su protección. Hambrunas, calamidades en el mar, y pestilencias que destruyen en medio del día, continúan debido a que los seres humanos han olvidado a su Creador. El pecado, la plaga del pecado, mancilla nuestro mundo; y la agonizante creación gime bajo la iniquidad de sus habitantes. Dios nos ha concedido talentos que deben ser cultivados y mejorados para su gloria y para la eternidad. 2MI 293.4

Estas montañas y cavernas, y las hendiduras de las rocas que contemplamos, tienen todo un historial. Hay mártires que han perecido aquí, y estos lugares no revelarán su sagrado tesoro hasta que el Dador de la vida los llame de las rocosas cavernas, de las mazmorras, de cuevas, de hendiduras en las rocas, «con voz de arcángel y con trompeta de Dios» [1 Tes. 4: 16]. Murieron en el exilio, algunos de inanición, otros por la cruel mano del hombre. Caminaron con Dios, y caminarán con él vestidos de blanco, ya que han sido considerados dignos. 2MI 294.1

Que gran escena será aquella cuando los muertos salgan de sus tumbas, desde estos valles valdenses. [...] 2MI 294.2

De [...] escondidas simas donde seres humanos han sido enterrados, saldrán a la vida aquellos que no consideraron valiosas sus vidas, que pusieron la fidelidad a Dios por encima de la comodidad, de los bienes materiales, de la vida misma. Debajo de mohosas rocas y majestuosos muros hay tierra maldecida por el poder romano, aunque santificada por la sangre de los mártires; que también clama a Dios pidiendo venganza, así como la sangre de Abel clamó a Dios desde la tierra.— Manuscrito 62, 1886, 2, pp. 3032 (diario personal, «Second Visit to Italy” [Segunda visita a Italia], 1529 de abril de 1886). 2MI 294.3

Patrimonio White, Washington D.C.,

agosto de 1965